
Esto es un recopilatorio de las introducciones más interesantes que semana a semana
han aparecido en la actualización de la web... sirva para recordarlas (sobre
todo para mí, para no repetirme) y para todas aquellas que en su día no pudieron
leerlas.


La "lectopatía"
19 de Enero de 2009
Entre las reseñas de esta semana hay una que se sale un poco de las lecturas
habituales mías: "Una lectora nada común", en la que su autor nos narra una
hipotética historia protagonizada por un personaje real e histórico... ¿qué
pasaría si la reina de Inglaterra se "enganchara" de tal manera a la lectura que
cambiase "el deber" por "el placer"? Descubre la biblioteca pública por
casualidad, y su sentido del deber (por eso de no ser menos que los trabajadores
de palacio) le lleva a coger un libro. Y de uno, va pasando a dos, tres... y
encuentra en un jóven que trabaja en las cocinas un estupendo compañero de
lecturas, con el que comentar los descubrimientos y reflexiones que le provoca
esta nueva afición... y se olvida de actos oficiales, y lee a escondidas
mientras viaja en su carroza, o cambia las preguntas protocolarias de rigor por «¿tú que estás leyendo?»...
y, esto provoca un gran preocupación en su entorno... y, al final, mejor que lo
leais.
Esta "transformación" me llevo a pensar si existiría un tipo de enfermedad,
una adicción que padeceríamos las personas que tenemos este "vicio". Entonces,
pensé que si los que están "enganchados" al juego son ludópatas, nosotras,
enganchadas a la lectura seríamos lectópatas... y nuestra enfermedad
sería la lectopatía.
No, no trateis de buscarla en google porque como tal enfermedad no existe.
¿Será porque somos minoría frente a la gran mayoría que no le gusta leer o que
lee muy poco? o ¿será porque somos "menos llamativos" que los que se dedican al
juego, ya que leer es algo que se hace en la intimidad? o ¿será porque en
realidad no es una enfermedad que altere nuestro comportamiento?
Me fui a buscar las características que definen la ludopatía para plantearme
los paralelismos con la lectopatía, y tratar de comprobar si soy o no una
lectópata. Y basándome en lo que de ella dice
Wikipedia, establecí mis
paralelismos, así es que cambiando los términos podríamos definirla como algo
así:
- La lectopatía consiste en una alteración progresiva del comportamiento
por la que un individuo siente una necesidad de leer: Eso está
comprobado, "necesitamos" leer, pues si pasamos unos días sin probar nuestra
droga, parece que nos falta algo. Y cuando se nos terminan los libros, somos
capaces de leer todo aquello que cae en nuestras manos... hasta un folleto de
publicidad. Siempre, aunque tengamos nuestra agenda muy apretada, hacemos lo que
sea, para sacar un ratito y aplacar nuestra "necesidad de leer".
- Se puede decir que alguien es un lector compulsivo cuando éste lee no
sólo ya por el hecho de ganar conocimientos, sino por el mismo placer de leer y
no es capaz de parar: ¿Cuántas veces hemos dicho «cuando
termine este capítulo me pongo a planchar» (o
cocinar, o llamar por teléfono, o salgo a comprar...)? pero terminamos y le
echamos un vistazo de reojo al siguiente y... ya estamos perdidas, tenemos que
leerlo y nos justificamos diciendo «total es poco lo
que hay de plancha, a la tarde lo hago» o
«con lo que hay en la despensa me apaño, mañana
compro». Y está clarísimo que leemos por placer, que
nos sentimos en el séptimo cielo cuando estamos enfrascadas en la historia y no
hay nada ni nadie que sea capa de despegarnos.
- El lector compulsivo es manejado por un impulso incontrolable:
paseamos por una calle, y nos paramos ante el escaparate de una libreria y los
minutos se pasan contemplando las últimas novedades mientras en nuestra cabeza
tenemos que resistir el impulso de entrar y comprar («qué
interesante, ya salió el último de la Howard, pues no parece muy caro y hablaban
de él muy bien en el foro»); o vamos a comprar a
unos grandes almacenes y parece que tiran de nosotros para que nuestros pasos se
dirigan hacia el stand donde están las ofertas de los best-seller («¿pero
si yo venía a comprar leche, que narices hago mirando libros...?»);
o vemos la larga lista de archivos y el dedo se nos va al ratón («este,
y este, y fíjate de esta autora no he leído nada... ya tengo bastante para esta
semana, pero tal vez necesite uno más... a ver»). Si
es que los libros nos llaman como si tuvieran lucecitas intermitentes, igual que
la musiquita de las maquinas tragaperras llaman a los ludópatas.
- Su comportamiento produce en la familia síntomas de desesperación:
Los que no comparten nuestra afición no entienden que se nos pegue la comida,
que no contestemos cuando nos preguntan, que se haya terminado el pan y no nos
hayamos dado cuenta o que tengamos que comer con un libro delante... porque
estamos en otro mundo, del que es muy dificil sacarnos.
- Disminuye sus interacciones sociales con personas no relacionadas con la
lectura: porque lo que de verdad nos gusta, además de leer, es comentar lo
que hemos leído y eso sólo lo podemos hacer con gente que comparta nuestra
aficción y si no la encontramos a nuestro alrededor la buscamos en los cientos
de foros que hay de lectores.
- Amenaza a los recursos económicos familiares: y si no que se lo
pregunten a la pobre tarjeta cada vez que pasamos por una librería o cada vez
que hay un boom de lanzamientos editoriales.
- Desatención al trabajo: Sí, reconozcamoslo, alguna vez hemos puesto
debajo del libro de texto un libro que estamos terminando y que no puede
esperar, mientras el profesor se enrolla... nosotras a lo nuestro. Y también sé,
que algunas en la oficina, cerrais rápidamente la pantalla del libro cuando el
jefe se acerca y simulais que estais haciendo algo más "serio".
- Actividades ilegales para poder leer: Sin comentarios, ya todas lo
sabemos.
En conclusión, después de visto todos los paralelismos, me declaro una
lectópata... ¿y vosotras, padeceis también esta enfermedad, la lectopatía?

Lectopatía... ¿enfermedad o aficción?


La magia de los Reyes Magos
5 de Enero de 2009
Día a día, semana a semana, hemos ido pasando las hojas del calendario, y
casi sin darnos cuenta (al menos yo, que apenas veo la tele), estamos en
Navidad. Y como esta semana se celebra esa fecha tan "importante", no queda más
remedio que dejar mi comentario sobre ella. Ante todo, si alguna se siente
molesta por lo que voy a decir, pido disculpas.
Casi, casi
estamos terminando esta borrachera de fiestas, regalos, concursos... que ha
traído consigo la Navidad. Ya sólo nos quedan Los Reyes Magos, última
oportunidad de recibir un presente... siempre y cuando hayais sido
buenas.
Al menos eso nos decían cuando éramos pequeñas: "Si no eres buena, te traerán
carbón". Y cuando quedaban tan poquitos días para la noche más mágica del año
procurabas portarte lo mejor posible pues querías que Sus Majestades te trajeran
todo lo que habías pedido en la carta que le habías escrito. Y cuando dejabas
tus zapatillas junto a las otras de los miembros de tu familia, delante del
balcón (esa es la costumbre en mi entorno), hacias un repaso de cómo había sido
tu conducta y pensabas que no había estado del todo mala. Pero... ¿a cuántas le
trajeron los Reyes todo, todo lo que deseaban?. Casi siempre se quedaba en mucho
menos, o no correspondía exactamente con lo que tú estabas esperando.
Aunque, cuando te levantabas expectante la mañana de Reyes, y veias lo que te
habían dejado en la zapatilla no te importaba mucho que faltara algo, y lo
achacabas a que no habías sido todo lo buena que se esperaba de tí; y te
acordabas de cuando habías discutido con tu hermana, o cuando habías dicho una
mentirijilla para que te dejaran salir a jugar con tus amigas... y, dando un
suspiro, te hacías el firme propósito de ser buenísima este año para haber, si
por fín, te regalaban eso que llevabas ansiando tantos años.
A mí hubo un regalo que año tras año me "negaron", y no entiendo por qué, si
yo soy "un cacho de pan": Era un costurero de madera, de esos con cajoncitos
para guardar los acesorios de costura, sus asas, sus patitas contorneadas, y con
sus florecitas pintadas en la tapa... pues nunca lo conseguí. También me acuerdo
de un año que pedí la muñeca "Nenuco", pero me trajeron otra que se parecía,
pero que no era la Nenuco que lloraba cuando le quitabas el chupete. Mi mejor
recuerdo es para una muñeca de chocolate, que me duro poco la pobre, porque a
ver que niña se resiste a jugar con esa muñeca sin darle un mordisquito. Y lo
que nunca me faltó fueron libros, pinturas, caramelos y frutos secos... además
de algo de ropa, que ya se sabe que los Reyes son muy "prácticos".
Es que en aquella época (finales de los 60), la situación económica no estaba
para muchos juguetes y hasta los Reyes, a pesar de ser Magos, no andaban muy
voyantes de dinero. Pero la ilusión era la misma que la que tienen los niños de
hoy en día... o creo que más, porque sólo había dos días al año en que te hacían
regalos: tu cumpleaños y el día de Reyes. Ahora, es más normal que recibas, sin
ton ni son, un juguete o un obsequio. Lo que sí era costumbre en mi pueblo, era
dejarte en la zapatilla un pequeño chorizo... Me explico: Días antes de la
Navidad, se había hecho la matanza del cerdo, y, casi siempre, algún chorizo se
rompía cuando lo estabas haciendo, y se quedaba más corto de lo habitual.
Entonces se decía: "Este p'a los Reyes". Costumbre ahora que aún se sigue
manteniendo (el dar esos choricillos a los pequeñajos de la casa), aunque ya no
se dé ese día en especial, porque entre tanto juguete ¿qué niño se fija en un
pequeño embutido?
AVISO: lo que viene a
continuación no es apto para menores, que aún crean en la magia.
Cuando yo cumplí siete años, mientras dormía escuché la voz de mi madre y de
mi abuela, que se acercaban a mi cama y hablaban sobre si esto es para ella, que
si esto es para la otra, que si le pusiste caramelos... yo abrí un ojo
intrigada, pero como soy bastante miope, no conseguí ver nada. Y cuando pregunté
me dijeron que estaban colocando bien las zapatillas para que los Reyes no se
equivocaran y dejaran los regalos cambiados. Tontita de mí me lo creí.
Hasta que tiempo después, justito la víspera de mi Primera Comunión, mi madre
me comunicó dos grandes noticias, que terminaron con toda la magia de mi niñez:
Los Reyes Magos son los padres, y los niños no los trae la cigüeña. A mí lo de
la cigüeña ya me lo olía (y tampoco me importaba entonces mucho), pues aunque me
dijera mi madre que las señoras que estaban esperando un bebé estaban "gordas"
porque comían mucho para luego darle leche al niño... uno se podía poner más o
menos "grande", pero con esa barrigona era muy rarito; y también era casualidad
que con la cantidad de cigüeñas que se veían desde mi casa (en la Torre del
Clavero había varios nidos), nunca había visto a una con un niño en el pico.
Pero lo de los Reyes me afectó más... me sentí como una tonta. ¡¡Qué
fraude!!... Año tras año escribiéndole una carta a unos señores que no existían;
pasando frío de pie en la calle mientras pasaba la cabalgata para poder verles
la cara; tratando esos días de ser la mejor de la mejor para que me regalaran
todo lo que les había pedido; haciendo éxamen de conciencia para ver en qué
había fallado pues faltaban algunas cosas que anhelaba; mirando con sospecha a
otras que tenían mejores juguetes si ellas no eran más buenas que yo... y
resulta que todo dependía de la economía familiar. Y después, atas cabos, y
piensas que eso era lo que oiste aquella noche, y que ya sabías tú que en una
noche recorrer todo el mundo era mucho trajín, por muy Magos que fuesen, y que
por eso estaban tan misteriosos los mayores esos días...
Y entré así en el mundo de los mayores, a pasar a formar parte de los que
"dejan los regalos en la zapatilla", en vez de los que se despiertan corriendo a
ver "que me han dejado". Aunque este grupo es tanto o más satisfactorio que el
otro, y tienes tanta ilusión dando como recibiendo... Así me siento yo todas las
semanas cuando os dejo estos pequeños regalitos que son nuestras queridas
reseñas..., y ahora que lo pienso, sin ser Reina y sin ser Maga, llegan a un
lado y otro del globo en una sola noche.

Reyes... ¿magos?


Navidad es...
22 de Diciembre de 2008
Día a día, semana a semana, hemos ido pasando las hojas del calendario, y
casi sin darnos cuenta (al menos yo, que apenas veo la tele), estamos en
Navidad. Y como esta semana se celebra esa fecha tan "importante", no queda más
remedio que dejar mi comentario sobre ella. Ante todo, si alguna se siente
molesta por lo que voy a decir, pido disculpas.
Y es que a mí... no me gusta la Navidad. Aquí imagino que pocas o ninguna
estareis de acuerdo conmigo y direis que es una fiesta de amor, de paz, de
perdón, de unión... Bien, todo eso son ideas muy bonitas, muy tópicas y que
juntas formarían el tan traído y llevado "espíritu navideño". Pero si analizamos
bien, si miramos a nuestro alrededor vemos que el amor, la paz, el perdón y todo
lo demás se queda, en la inmensa mayoría de los casos, en bellas frases escritas
en un papel (o en una postal que quedan más bonitas si le añadimos una imagen),
pero ¿cambia algo la situación de nuestro alrededor? ¿nos sentimos renovados y
emprendemos el nuevo año con un nuevo sentimiento en nuestro corazón?
La Navidad, se resume a cientos de luces en las calles (pensemos en las
familias a las que no le llega la luz eléctrica), millones de árboles llenos de
adornos (pensemos en aquellos que no tienen ni un simple fuego para calentarse),
miles de tiendas que nos impulsan a gastar al compás de los tan "machacones"
villancicos (pensemos que después viene "la cuesta de enero"), y miles de
millones de "Felices Navidades" que inundan los medios de comunicación (pensemos
en "otras" noticias que también invaden estos medios)... ¡Ah, se me olvidaba!,
también hay opíparas cenas que, casi siempre nos dejan incómodos en el mejor de
los casos o con una grave indigestión etílica en el peor.
Pero sí hay alguien que disfruta de estas fechas, y son los niños. Ellos
abren los ojos admirados al cambio que se ha operado en sus calles, en sus casas
y en sus familias (a veces, es la única fecha del año en que ven a algunas
personas de su círculo familiar). Ellos sí que disfrutan de esas reuniones
familiares, de los belenes que adornan los escaparates o de los regalos que
reciben estos días... y piensan que la gente está llena de amor, que por eso
comparten cena, buenos deseos y presentes.
Seamos como ellos, olvídemonos de adornar nuestra casa, y decoremos nuestra
cara con una gran sonrisa que nazca de un sentimiento puro... Acojamos a todo el
mundo, a los que nos caen bien, a nuestros amigos, y a los que tenemos cierta
rencilla, es el momento de perdonar. Olvídemonos de hipocresías que llenan
nuestras felicitaciones y demos nuestros buenos deseos a quien de verdad lo
necesite no a quien con ello revierta en un interés hacia nosotros...
Compartamos un poquito de bienestar con el que tenemos al lado que se encuentra
en un mal momento, tal vez esté mal económicamente o tal vez este sufriendo
anímicamente. Y no pensemos en preparar una cena con suculentos platos, sino en
aderezarla con mucho, mucho amor.
Y, siendo así, tal vez vuelva a creer en la Navidad de cuando era niña:
cuando nos reuníamos en torno a una pequeña mesa al lado del fuego, con una cena
sencilla, pero con toda mi familia alrededor riendo y disfrutando... la misma
familia que años después se separó por "diferencia de opiniones", olvidando así
el amor desplegado en la cena de Navidad; cuando adornábamos un pequeño pino que
habíamos ido a buscar al monte con cajitas envueltas de papel brillante y
bolitas de algodón pintadas de colores... el árbol que ahora ya no se pone
porque no hay "tiempo para eso", o si se pone mejor le colgamos las "bolas que
hay en la caja de todos los años" porque es más rápido; o cuando me reunía con
mis compañeras de colegio para celebrar la fiesta del "amigo invisible",
esperando con ilusión ver "qué me había tocado"... las mismas compañeras que
ahora apenas te reconocen si te ven por la calle. En fín, mucho simbolismo, pero
poco sentimiento.
Porque para mí Navidad es cuando haces un regalo a una persona que lo
necesita, no porque sea una fecha marcada en un calendario... pienso en el osito
de peluche que le regaló una amiga a mi sobrina cuando suspendio el exámen de
conducir (que después lo aprobó ¿eh?); fue algo cálido y sorprendente porque es
entonces cuando necesitas que te eleven "la moral".
Es Navidad cuando todas vosotras, sabiendo que estaba pasando por un mal
momento familiar, me escribisteis todas esas bellas palabras (y esas bonitas
imágenes), animándome a salir del mal momento... fueron tan emotivos, me
llegaron más dentro de mi corazón que todos los "Felices Navidad" que pueda
recibir este año.
Y Navidad es cuando compartes, día a día, semana a semana, tantos pequeños
momentos, divertidos unos, tristes otros, con todas las amigas del foro... Lo
que reina en nuestro pequeño grupo, sí que es paz y amor (y eso que no lo hemos
adornado con luces de Navidad) ... Besos para todas, sois maravillosas.

... la mirada sorprendida de un niño.


Esas portadas románticas
24 de Noviembre de 2008
Cuando recorremos las estanterias de una libreria o de unos grandes
almacenes, lo primero que nos salta a la vista de un libro es su portada, al
menos a mí. Después nos llama la atención su título y su autora. Siempre pensé
que poner título a un escrito debe ser bastante dificil y mejor si no está
repetido (que los hay que sirven para más de un libro); a mi manera de ver debe,
además de estar conectado con el argumento del libro, atraer nuestra atención.
Leyéndolo más o menos nos hacemos una idea de qué género se trata y si va en
nuestros gustos o no.
Pero aún más dificil debe ser ponerle una portada a un libro... y visto los
resultados que se obtienen, será una tarea impróba: portadas repetidas,
anodinas, que no conectan con el tema del libro, incluso algunas producen
rechazo... me estoy acordando ahora la de El descendiente de la oscuridad,
que me produjo un repelús ver la cara de ese ¿niño? ¿mujer? ¿ser?... vamos que
si tuviera que comprarlo hasta mieditis me daría agarrarlo.
Cuando comencé en este mundillo de la red, viendo libros románticos, las
portadas se convirtieron en una auténtica obsesión para mí. No me conformaba con
ver las españolas, me gustaba comparar el mismo libro en diferentes idiomas. Así
me he dado cuenta que en cada país tienen un gusto diferente...
En USA les gusta poner el título y el nombre muy grande... a veces tanto que
apenas queda espacio para una pequeña imágen. Muchas veces ponen un objeto, un
logo o un símbolo.
En UK (cuando la portada es distinta de la de USA) les gustan más los
paisajes, aunque a veces no tienen nada que ver con la novela, como la de
Fuegos de invierno (una novela de normandos y vikingos) y me ponen una
mansión deciochesca en medio de un paisaje nevado.
En Alemania tienen predilección por las parejas y mejor si estan en una pose
muy acaramelada... la mayor parte de las veces poco real, porque tratad de
imitar la posturita y me direis qué tal de mómoda es: la cara desencajada, las
ropas cayéndose, medio de pie, medio tumbados. Me imagino a los pobres modelos
aguantando mientras hacen las fotografías, y si es una pintura no te quiero ni
contar... ¡qué tortícolis!
En Francia son más "finos". Las parejas tienen una posición más elegante,
seductoras pero de forma sutil. También tiene predilección por los rostros
difuminados sobre un fondo que varía según el argumento de la novela: podemos
ver una playa, un rancho, unas montañas, una ciudad...
En Italia, de las que he visto menos pues son más dificiles de encontrar,
también recurren a la parejita de turno, con diferente vestuario dependiendo de
la época, eso sí menos provocativa que las alemanas.
¿Y en España? pues normalmente solemos tomar las portadas de la edición
original y ponerle el nombre en español. Aunque hay algunas editoriales que ni
se molestan en poner imagen, un fondo neutro y las letras del título y el autor:
así no hay libro que te atraiga ¿no?
También tenemos las del género chic-lit, que suelen ser dibujitos en plan
comic, ¿será para que sepamos que en esa novela hay humor? O las de seres
paranormales todas tan tenebrosas y "nocturnas". O las editoriales (como Círculo
de Lectores) que utilizan cuadros de pintores famosos en sus portadas, quedando
así "menos comprometidas o censurables", aunque algunos se han repetido en
varias, como es el caso de El beso del pintor Francesco Hayez.
Claro que en esto de las portadas hay modas, las más antiguas eran pintadas
encargadas al ilustrador empleado de la editorial, después fueron fotografías,
algunas auténticas obras de arte (destacaría Alan Ayers entre los buenos
fotógrafos). Antes eran parejitas muy "decentes" que pasaron a deshinbirse con
el paso del tiempo. Ahora, les gusta "cortarnos la foto", o sea que vemos a los
modelos sin cabeza bailando, abrazándose apasionadamente o bajando de un
carruaje... ¿será que les da verguenza que les reconozcan los vecinos? ¿Y qué me
decis del boom del pecho masculino desnudo ocupando todo o parte de la portada?
Será que los diseñadores, con una visión mercantil, han pensado que la mejor
manera de atraer al público femenino (en teoría el gran consumidor de novela
romántica), es con un buen "maromo" en la portada. Y todo esto lo potencian,
eligiendo al modelo del año en las grandes fiestas de Romantic Times, o creando
clubs de fans de algunos...
¿Y a mí cual me gustan? Ante todo debe tener imagen, nada de portadas sólo
con títulos y fondos de texturas. Además debe ser capaz de "resumir" el
argumento del libro. Es decir, no me vale una florecita (como en algunas
colecciones de Harlequin) que no me cuentan ni cuando, ni donde se desarrolla la
trama del libro. Y mucho menos si está equivocada, como me pasó con Al borde
del pecado, una portada claramente histórica (con vestuario de la época
Napoleónica) y cual no sería mi sorpresa al empezar a leer y lo primero que
relata es una persecución de la policía a la protagonista en coche y con
posterior accidente... que yo sepa en esa época no había coches ¿no? Prefiero
las que tienen un fondo de imagen bien cuidado, ambientándonos el lugar dónde se
encuentra la pareja, y mejor si hay objetos en vez de personas. Las más
cuidadas, las que más me gustan las que representan una escena del libro,
recuerdo ahora las de Karyn Monk (las originales) la composición de la portada
representa fielmente el argumento del libro.
Pero supongo que estas salen menos rentables, y una imagen sólo vale para una
única novela. Así es que las editoriales suelen usar los tópicos de siempre, que
va de vikingos... pongámoles un barco y un tipo rubio con trenzas (mejor si es
musculoso); que es medieval... que mejor que un castillo y un gerrero con espada
(a veces con caballo por eso de cambiar) o la espada sola; una contemporanea...
pongamos una parejita más o menos enfocada o tal vez un paisaje; y si es de la
regencia ¿qué mejor que la espalda de la chica del vestido azul? (si no sabeis
cual es repasar las últimas portadas y la vereis en varias)un poco hacia arriba,
o hacia la derecha y tenemos unas cuantas portadas solucionadas, si en todas hay
una protagonista femenina con traje de época ¿para que nos vamos a molestar en
leer el libro y saber de qué va?

Esas imágenes tan... ¿románticas?


Nuestras fobias
17 de Noviembre de 2008
Todas, en mayor o menor medida, tenemos alguna fobia ¿no?. Algo (también
puede ser alguien) que sin una explicación lógica nos produce un subidón de
adrenalina, el corazón se nos paraliza y la cabeza nos late. A las que no le
pase algo así, están de enhorabuena, pues sinceramente se pasa bastante mal, y
por mucho que quieras relajarte, y por mucho que te digas "no pasa nada", tus
instintos se ponen alerta.
Lo normal, al menos eso he oído yo comentar, es tenerlo miedo a algún
bichito: las arañas creo que se llevan el mayor número de fobias, las
serpientes, las abejas... Bien, a mí ninguno de estos bichos, más o menos
grande, me produce ningún temor. Incluso me caen bien, si pienso que las arañas
se comen a todas las molestas moscas que durante el verano me hacen la vida
imposible, hasta les tengo cariño. Las serpientes, más bien es la mala fama,
porque todas las que he visto se han comportado como si yo existiera, o sea si
no las molesto, ellas no se dignan en mirarme. ¿Y qué os voy a decir de las
abejas si durante bastantes años mi marido tuvo colmenas? Pues lo mismo que con
las serpientes, las abejas van a lo suyo (a la búsqueda y captura de flores) y
ya te puedes pasear por el medio de un colmenar que ni una te pica...
comprobado. Además, si alguna vez, siempre porque tú las molestas "quitándole"
la miel, tienes la mala suerte de sentir su aguijón, es tan poco lo que duele
(como si te pincharas con una aguja) que no merece tenerles tanto pánico como
algunas personas le tienen.
Algunas os estareis preguntando cual es mi fobia. Es tan rara, que por eso he
querido comentarla para saber si alguna de vosotras la comparte conmigo... tengo
fobia al teléfono.
(Me pregunto cómo se llamaría ¿telefonofobia?). En un mundo donde todo está
dominado por las comunicaciones, donde todos estamos rodeados por ese aparatito
que, para mi bienestar, ójala no se hubiera inventado, o al menos no se hubiera
extendido tanto... yo cada vez que oigo sonar un teléfono, sea el que sea, a la
hora que sea, el corazón se me para, y los oídos pasan a función alerta tratando
de discernir quien narices rompe mi tranquilidad.
Pero esta fobia, al contrario que otras que no se sabe bien por qué las
tenemos, yo bien sé que es la que me la ha producido: mi antiguo trabajo. No
penseis que trabajaba de telefonista, o de recepcionista en alguna gran
empresa... no, trabajaba de administradora de fincas urbanas. Para las que no os
suene ese trabajo diré que llevaba la administración de comunidades de vecinos.
Y para las que vivis en grandes edificios con numerosos apartamentos, o
viviendas, podeis imaginanaros que los problemas nunca faltan. Si a esto le
sumais que mi oficina estaba en mi propio hogar, que muchos de esos vecinos me
conocían personalmente antes de ser nombrada administradora (entre otras llevaba
la comunidad del edificio de mis padres, con vecinos que me conocían desde que
yo era una niña), y que esta situación duró trece largos años... os podeis
imaginar el infierno: En cualquier momento, de cualquier día, de cualquier hora
podía sonar el teléfono y anunciarme una avería, un problema entre vecinos o
simplemente que "algo" no les gustaba (sobre todo la calefacción).
Típica conversación de un sábado por la noche (que no sé porqué tenía que ser
ese día cuando más floja estaba la calefacción). Suena el teléfono, yo le digo a
alguno de mis hijos:
–Cójelo tú. –De esta
forma yo me enteraba quien era y me iba preparando psicológicamente.
Era la vecina del Ático. Después de los saludos de rigor, pasamos al meollo
de la conversación.
–Fíjate son las diez de la noche y en mi casa
tengo 12 grados. Así no puedo estar. -la buena mujer se pasaba el día
comprobando las temperaturas, yo creo que podría hacer una gráfica diaria de las
subidas y bajadas de la calefacción en el edificio, porque además las anotaba y
te podía decir el día tal a la hora cual que temperatura había en su casa.
–Bien, señora, pero a estas horas ya nada puedo
hacer. Hablaré el lunes con el calefactor.
–Pero yo así no puedo estar, ahora me voy a la cama
muerta de frío y me voy a coger una pulmonía. –El tono de la voz iba subiendo y
el límite de mi paciencia se iba agotando.
–¿Y qué quiere que haga a estas horas? Aunque localice
al calefactor no va a ir a tizar la caldera.
–Pues algo tendrás que hacer...
–No querrá que vaya yo a echarle carbón.
–Pues no cumplías con menos.
–Lo dirá de broma ¿no?
–Para eso te pagamos. –El tono de su voz era más de
discusión que de conversación.
Hasta aquí llegaba mi paciencia, y (sin subir la voz por
supuesto que para eso soy muy comedida) mandaba a la señora a la porra:
–Yo soy administradora, ni soy calefactora, ni fontanera
ni electricista... llamaré el lunes y le informaré. Y le pido por favor que no
me levante la voz, porque le voy a colgar el teléfono. Buenas noches. –Dicho
esto colgaba el teléfono.
La calefacción era de carbón, por lo que dependía del
combustible que este buen señor le suministrara y parecía que estaba aliado con
la liga de Ahorro de la Energía, porque les hacía pasar un frío a todos los
vecinos. Pero aún así, si les dabas la opción de buscar otro, todos se
negaban... yo creo que lo que querían era fastidiarme, porque si no era el
calefactor, eran los domingos que se averiaba la luz de la escalera, o era el
agua de la vecina que le mojaba la pared ("dígaselo usted a la vecina"), o que
el portal estaba sucio... o sea, que se tenían pensado que yo era algo así como
"la chica para todo". Y el teléfono sonaba incansablemente.
Pero aún fue peor cuando llegó el teléfono movil (creo
que alguna de vosotras lo llamais celular), entonces tenías que estar
localizable quieras que no. Daba igual que estuvieras pasando el fín de semana
en el pueblo, que hubieras salido de compras o que te encontraras en medio de un
festejo celebrándolo con la familia o que estuvieramos en pleno mes de Agosto y
todo el mundo de vacaciones (menos yo)... si había un problema (que a veces no
era tal) tenías que solucionarselo ya. Si incluso me han llamado estando
ingresada en el hospital a las pocas horas de salir de una operación para
preguntarme por unos permisos de obra. Yo no podía salir a ningún sitio sin mi
móvil o sin mi lista de teléfonos por si ocurría alguna emergencia. Porque no
creais que llamaban los vecinos sólo. La lista de profesionales que he llegado a
tener en mi agenda ha sido larguísima: desde albañiles a abogados, desde
fontaneros a notarios, desde agentes de seguros a empresas de limpieza.
Así es que hace tres años, me planté y dije: "mi salud
lo primero". Fuera vecinos, fuera agenda de profesionales y por supuesto...
fuera teléfono (anulé mis números de teléfono para evitar sustos mayores). Aún
así, hoy en día cuando suena el teléfono, mis niveles de adrenalina se disparan,
y eso que trato de controlarme.
Ya sabeis, si quereis poneros en contacto conmigo, mejor
por e-mail, nunca por teléfono.

El teléfono... ese "bendito" invento


Primeros pasos
10 de Noviembre de 2008
Una nueva
forera (que ha entrado con muchas ganas y todas sabéis quien es), planteó un
tema llamado "Cuanto hace que leen novela romántica" que podéis ver (y
contestar) aquí. Al leer la
respuesta de Xaloc, un montón de recuerdos antiguos propios surgieron y al
comenzar a escribir la respuesta pensé que mejor os lo ponía en la introducción
de esta semana porque iba a ser demasiado largo.
Yo aprendí a
leer muy pronto, demasiado pronto, como creo que le pasó a la gente de mi
generación. Mi gran ventaja es que la escuela (Luís Vives se llama) estaba
justito enfrente de mi casa, y como por aquel entonces no tenía ni una triste
televisión para entretenerme, y como mi hermana era mayor que yo y me dejaba
sola en casa las horas escolares... pues me escapaba para ir. Aquello parecía
más interesante que mi solitario hogar, había más niños, más juegos y más
"cosas" que investigar. Prefería vivirlo que verlo a través de mi ventana.
Además la profe de mi hermana era amiga de mi madre y no le importaba que me
presentase en medio del aula. Según me cuentan, yo sólo contaba con dos años y
mi memoria no alcanza a tanto, me daban un papel y un lápiz y me ponían a
"pintar" o me dejaban vagar por la clase a mi rumbo, ya que yo solía molestar
poco pues para mí aquello era como un templo, y me entretenía hojeando libros y
viendo "santos".
Cuando cumplí
los tres años, vista mi afición (también sería que así mi madre tenía unas horas
sin darle yo la lata), me "apuntaron" a la escuela. Podría contaros mil y una
anécdotas que viví en ella hasta los siete años que me trasladé a un colegio de
monjas... pero sería demasiado largo y ahora lo que interesa es el tema de la
lectura. Cómo os iba diciendo yo no cabía en sí de gozo: Ya estaba en
parvulitos, era toda una escolar.
Cuando
entrabas lo primero que te enseñaban era leer, escribir y luego las cuatro
reglas (ya sabéis sumar, restar, multiplicar y dividir). Vamos, que allí nada de
pintar con los dedos, de pinchar, de recortar o de pegar pegatinas de colores en
las fichas... sólo teníamos una pequeña pizarra y un pizarrín para escribir...
Confieso que mi educación adoleció de algunas lagunas que aún hoy no he podido
soslayar, así por ejemplo me cuesta distinguir la izquierda y la derecha, tengo
que pensar cual es la mano con la que como (escribir escribo con las dos en el
teclado) y después señalo la derecha... no, no os riáis como hacen mis hijos:
¡¡yo no vi "Barrio Sésamo" cuando era pequeña!!
Así es que a
los cuatro años yo ya sabía leer, lo de escribir era más duro para mí y menos
interesante... y fui pasando de la primera cartilla a la segunda y a la tercera.
Y los libros me duraban un suspiro. Por aquel entonces no había tanto donde
elegir, así es que rebuscabas en las revistas de casa o en los periódicos o
donde fuese, para alimentar la "caldera" de la lectura: necesitabas
"combustible", sino te "morías". Hasta el papel con el que nos envolvían en la
tienda me lo leía buscando algo nuevo. Tened en cuenta que os hablo de finales
de los 60, y había muy pocos libros para niños y no al alcance de todos.
Cuando me
cambié al colegio, al trasladarnos de domicilio, las aulas eran distintas, el
método de enseñanza también. En la escuela había sólo dos aulas: una para
párvulos, primero y segundo; y la de los mayores hasta cuarto de primaria... sí,
entonces se llamaba primaria, aún no había llegado la EGB, curioso que años
después el sistema educativo volviera a llamarlo primaria ¿no?. En el colegio
había dos aulas para cada curso, y una sola profesora (en mi caso una monja) en
cada aula, no teníamos que compartirla con niños de otro nivel. Bueno, también
teníamos la profe de inglés (teníamos clase de inglés con siete años, algo que
después se quitó y se volvió a poner... siempre dando bandazos en los sistemas
educativos).
A lo que iba,
me acuerdo como si fuese ayer de primer día: la madre Manuela enseñándonos el
aula, mis padres y yo observando todas las novedades, y de repente dice: «Ese es
el rincón de lectura». Mis ojos se dirigen hacia un lugar de la habitación y me
veo varios estantes llenos de libros, con un gran póster encima que decía
LECTURA. Sin pedir permiso me fui hasta allí, y los ojos me hicieron chiribitas:
Todo eso era para mí, bueno para que yo pudiera disfrutarlo, se entiende ¿no?.
La madre Manuela me dijo «Coge uno si quieres»... mejor que si me hubiera dado
un bombón. Tomé el primero que vi, antes de que se arrepintiera, me senté en el
suelo, lo abrí por la primera hoja y... desconecté de mis padres, de la monja y
de todo lo que decían. Aquello era jauja.
Como podéis
imaginar para "una termita" de los libros (como muchas de vosotras sois), pronto
se acabó las provisiones del rincón de lectura. Pero descubrí la biblioteca del
colegio, y cuando esta se acabó, descubrí la biblioteca del barrio, y después la
municipal de Salamanca...
Y tal y como
dijo Xaloc, comía delante de un libro (o de un TBO que también me gustaban
mucho), dormía con un libro entre las manos y cuando iba al baño... pues eso,
siempre se me podía ver con un libro. Y pasé de los cuentos infantiles, a las
lecturas del club de los cinco, a la narrativa contemporánea, a la novela de
intriga, a los libros de terror (de mi adorado Stephen King) y al teatro (un
género de pocos adeptos en la lectura, pero que a mí me gusta mucho... tal vez
otro día os hable de mis pinitos como escritora, directora y actriz)... Pero
nunca me acerqué a la novela romántica. ¿Raro?. Bajo mi punto de vista no.
Si os
acordáis de una de mis "pinceladas" os conté que aquí en el pueblo, me surtía de
los libros de mi primo y entre las novelas que tenía estaban las de Corin
Tellado. Lo siento por las fans de esta autora, pero para mí eran empalagosas.
Me apartaba de ellas todo lo que podía... y así escapé de todo lo que llevara
cierto tono "rosa". No fue hasta muuuuuuuuchos años después, y pasado un bache
en el que la lectura pasó a un segundo plano pues mis ocupaciones como madre,
esposa y trabajadora me ocupaban mucho tiempo, cuando recluida en mi casa por
salud, me centré en el ordenador. Y en uno de los foros que visitaba vi un
mensaje en el que daban enlaces para descargar e-book. Sufrí algo similar a lo
que me ocurrió mi primer día de colegio: Todas esas maravillas al alcance de un
clic de ratón. Me convertí en una descargadora compulsiva, como ya os he contado
(creo) y entre todas me bajé "Promesa audaz", más que nada porque estaba
ambientada en la edad media, y por aquel entonces estaba yo muy interesada en la
novela histórica. Acababa de descubrir el auténtico mundo de la novela
romántica. Lo demás ya lo sabéis, o si no os lo podéis imaginar.

Mis primeros libros, con el que aprendí a leer


Día de difuntos
3 de Noviembre de 2008
El fin de
semana que ya pasó se ha celebrado la fiesta de Todos los Santos, el día de
Difuntos, y (para las que estén impregnadas de la cultura anglosajona) el día de
Halloween. De esta última celebración poco puedo hablaros, pues no forma parte
de mi historia personal y todo lo que podría contaros ya lo sabreis por la tele,
por el cine o por experiencia vuestra propia. Aunque creo que es más bien, una
excusa para disfrazarnos (que eso nos gusta mucho a los humanos) y celebrar un
fiestorro (que eso nos gusta aún más)
Respecto a
las otras dos festividades, de mayor tradición en España, no hay mucho que
destacar en mi entorno. Más o menos se llevan a cabo los mismos ritos que en
todo el resto del país: se visita el cementerio, se limpian las tumbas y se
llenan de flores. Pero, como esto, es algo que en mi familia se hace todo el
año, no nos parece una festividad extraordinaria. Eso sí, este fin de semana el
pueblo se ha inundado de gente que vive fuera y que, por una vez al año,
regresan a visitar a "sus muertos", aunque el resto del año mejor olvidarlos que
eso de ver dónde vas a terminar, da algo de repelús.
Dicen que en
la Noche de Difuntos, la linea entre los vivos y los muertos es más fina, que
salen las ánimas en pena para recordarnos a los que vivimos a "este lado" que
todo es efímero, y que, aquellos que tengan algo que lamentar de su vida pasada,
vagaran entre nosotros hasta que cumplan su condena. En torno a esto hay muchas
leyendas. Me gustaría narraros algún hecho extraordinario ocurrido en mi pueblo,
pero no hay ningun hecho excesivamente extraordinario y casi todo lo que conozco
(poco) es de oídas y de tiempos anteriores a mí.
Cuentan, por
ejemplo, que murió una niña de pocas semanas de vida, la única de siete hermanos
varones (estos aún viven en el pueblo), y el llanto de su madre era imparable
(algo lógico). Dicen que, tiempo después, la madre escuchaba unos sonidos
similares a los maullidos de un gatito en su casa, y que por mucho que buscaba
no lo encontraba. Lo oía en una habitación, rebuscaba entre los muebles y no
había nada... Consultado a alguien más experto (supongo que algún sacerdote pues
en aquella época eran la única autoridad en materia de fenómeneos extraños)
llegaron a la conclusión que era el llanto del bebé muerto, que se aferraba a
este mundo a través del llanto de su madre. Como conclusión le aconsejaron a la
madre que dejara de llorar y lamentar, que "a las criaturas inocentes no se
deben llorar", que cuando oyera el sonido rezara una pequeña oración. Algo duro
me parece a mí eso de dejar de llorar, pues cada cual manifiesta su dolor de
diferente manera. Pero, tal como le aconsejaron procuró hacer y el "maullido"
desapareció. Claro que también pudo ser que el animal que los producía
consiguiera escapar de la vivienda... En fín, esa es una de las "leyendas" de mi
pueblo.
Recuerdo
ahora, (esta sí la he "vivido"), de un extraño perro propiedad de un primo de mi
madre que tuvo "atemorizado" a todo el pueblo. Y no es porque el perro fuera
salvaje, atacara a las personas o se comiera al ganado... El perro tenía una
extraña constumbre: días antes de fallecer alguien en el pueblo, el perro
aullaba lastímeramente toda la noche. Imaginaros en el silencio total de la
noche, pues aquí en el pueblo en cuanto cae el sol no se ve ni un alma por la
calle (no hay tiendas, ni cines, ni lugares dónde ir), la gente recogida en su
hogar... y de repente, escuchar los lamentos del perro. Pue eso, todos nos
echábamos a temblar, los pelos como escarpias, y repasábamos "la lista" de los
posibles candidatos para pasar al otro mundo. De verdad, no fallaba. Menuda
tirria le cogimos al perro y cuando murió (que conste que fue por circunstancias
naturales), el pueblo entero pudo descansar en paz... es que en estos casos es
casi mejor no saber cuando te "toca".
He de
confesar que siempre me ha fascinado el "otro mundo" y tengo muchísima
curiosidad por saber qué hay más allá. Nunca le he tenido miedo a la muerte (de
verdad ¿eh?), creo que es más dura la vida. De nuestro cuerpo "físico" sé que no
queda nada (y quien piense lo contrario se engaña). De ello ya me quedó
constancia hace muchos años cuando exhumamos la tumba de mi abuela para enterrar
a mi abuelo. Yo tenía veinte años y me "empeñé" en estar presente (curiosidad
científica le llamaría yo), a pesar de que mucha gente se asombraba y me
aconsejaban que no fuera, que no era nada agradable... pues no fue ni agradable,
ni desagradable, fue una experiencia más. Después de doce años, allí estaban los
"restos" de su cuerpo, (algunos huesos, una calavera y mucha ropa), pero mi
abuela no estaba allí... mi abuela estaba entre nosotros, entre la gente que nos
acordábamos de cómo era, de lo que hizo, de los besos que nos daba, de su voz,
de su olor... en cierta forma cuando me acuerdo de ella, cuando le cuento
anécdotas de su vida a mis hijos, consigo que permanezca "viva" mucho más allá
del fin de su existencia.
Sinceramente
no creo en el cielo (donde disfrutan los buenos), ni en el infierno (donde se
queman en el fuego eterno los malos). Me gustaría pensar que existe un "universo
paralelo" donde van los espíritus de aquellos que han vivido antes que nosotros,
y que desde allí, nuestras personas queridas, nos pueden ver, cuidar y seguir
amando... Tal vez sea un poco útopico, pero desearía que de alguna forma
siguieran con nosotros. Y ójala pudiera "comunicarme" con ellos, aunque dicen
que hay que tener cuidado con lo que se desea que luego se cumple... y mira tú
si se pone en contacto conmigo alguno de esos espíritus malévolos y me complica
la vida. A mis hijos, cuando hemos hablado de estos temas, he prometido, que
cuando ya no esté en este mundo, les mandaré un e-mail... si puedo claro, porque
hay que contar con la tecnología que exista allá en el "otro barrio". Incluso
tenemos una frase en clave para que sepan que soy yo la que me "comunico" y que
no es alguien con ganas de gastar una broma macabra.
Bueno, de
momento no necesito aún la comunicación de ultratumba; aquí y ahora me es
suficiente con contaros "algo" todas las semanas y con charlar con vosotras en
el foro.

Día de difuntos


¡Vámonos de boda!
28 de Julio de 2008
Si hay algo que no me gusta del verano son las moscas y las bodas. Lo de las
moscas yo creo que todas lo entendeis ¿no?, pero tal vez lo de las bodas no sea
muy comprensible.
No creais que yo no soy romántica, pues como a todas vosotras, me encantan
los finales felices, y me emociono como la que más cuando veo una pareja
enamorada o cuando leo en alguna histori una tierna declaración de amor... lo
que no puedo entender es que para que dos personas emprendan una feliz vida
juntos tengamos que montar semejante parafernalia.
Ya no nos sirve, como leemos en algunas novelas históricas (entiéndase
vikingas), eso de jurarse amor eterno delante de todo el pueblo, y luego
realizar un banquetazo (preparado previamente por las mujeres de la aldea) donde
la gente se chupa los dedos con ricos manjares. Y mucho eso de raptar a la novia
e irse a vivir juntos, con lo cual ya te consideraban casada ante Dios y ante
los hombres... No, ahora tenemos que montar todo un circo previo a la ceremonia,
que antecede en varios meses (a veces supera el año) al día B (de boda). El
vestido, las flores, las damas, los niños de arras, el catering, los anillos,
los complementos, la lista de bodas, el banquete nupcial, la ceremonia
religiosa, el baile, los complementos, los regalos a los invitados... y mucho
más que seguro me dejo en el tintero, pueden terminar con la paciencia de los
susodichos novios, y en algunos casos provocar la ruptura antes de la unión.
Porque todos queremos tener la boda más espectacular, la de más invitados, la de
mayor glamour... esa de la que se hable varios años después de celebrada.
Y ya no sólo son los novios quien pasa por todo ese proceso, que en
definitiva tampoco estaría tan mal porque sería "una vez en la vida" (aunque hoy
en día ya no se puede afirmar eso tan categoricamente)... sino que los demás,
nosotros los pobres invitados, también pasamos por un estress post-nupcial que
para que os voy a contar. Desde que te llega la invitación a la boda, hasta que
por fín llegas a casa concluido el sarao después del banquete, todo se vuelve
"echar mano de la tarjeta", que pobrecilla cómo queda después de las
celebraciones de cada verano.
Primero el vestido, no vas a ponerte el que llevaste a la boda de tu prima
Marisa porque iran muchos invitados y ese "ya está visto", y recorres tiendas y
tiendas buscando algo "especial" (o sea con las tres Bes: bueno, bonito y
barato), algo que ya sabemos que no existe, pero que nunca cejas en tu empeño de
encontrar. Y después de pasarte varias tardes recorriendo tiendas, te das
cuentas que se te ha echado el tiempo encima y arramblas con el primero que ves,
que, invariablemente cuando te pruebas en casa "no te ves bien" (¿por qué será
que la ropa en la tienda te sienta mejor que en casa?) pero que ya no hay tiempo
para cambiarlo y suspiras y te resignas a llevarlo (siempre rezando para que no
haya otra invitada que haya elegido el mismo modelito). Pero con esto no has
terminado, te faltan los zapatos, que como toda mujer elegante sabe deben ir a
juego con el traje... y de nuevo echamos mano de la tarjeta y nos aventuramos
recorriendo varias zapaterías hasta que damos con lo más adecuado. Aunque casi
siempre se nos olvida comprobar si son cómodos (lo que interesa es que sean
"in")... de eso sólo nos acordamos cuando regresamos el día B renqueando como
quien regresa de la guerra y con los pies como dos cangrejos cocidos... ¡¡Lo qué
sufrimos las mujeres por estar guapas!!
No hablemos de la peluquería, a la que acudimos vísperas del acontecimiento,
aunque nunca acertamos bien con el momento: Si vamos pronto, luego tenemos que
estar sin apenas movernos para que no se estropee la obra de arte de la
peluquera (nooo, no me toques que se estropea el peinado... solemos decir a
quien se nos acerca a saludarnos), y si vamos tarde para evitar lo anterior nos
pasamos todo el tiempo mirando el reloj y metiendo prisa a la profesional de
turno para poder estar pronto en el lugar de la ceremonia y asistir a la llegada
de los novios.
Y aún tenemos que buscar los complementos del traje (el joyerío, el bolserío
y demás accesorios) y ya tenemos la fecha a la vuelta de la esquina y todavía no
hemos elegido el regalo para los novios... que si tenemos lista de boda es fácil
(entonces los que han tenido que pensarlo son los susodichos), pero si no es así
hay que estrujarse las neuronas para buscar algo original a la par que útil,
sencillo a la par que elegante y de moda a la par que barato. Este problema no
lo tenemos en mi pueblo, aquí se da la "espiga" o sea dinero contante y sobrante
y los novios que compren lo que quieran.
Y si tenemos niños, y/o pareja todo este proceso de búsqueda y compra se
repite con cada uno de ellos... y ahí te veo pateandote la ciudad en busca de
todo lo necesario para que tú y los tuyos destaqueis como los más elegantes en
ese día festivo (que no digo especial porque eso será para los novios no para tí
ya que lo mismo lo vives todos los veranos y a veces más de una vez en la
temporada)
Yo me pregunto para qué... si ese día la única que tiene que estar guapa es
la novia (y también el novio), si lo que interesa es el AMOR no el materialismo
que rodea al evento, si lo más importante es festejar que dos personas comienzan
una vida en común... por qué nos empeñamos en suplir con "cosas" los
"sentimientos"... porque si los sentimientos (lease Amor) fallan a los dos días
ya están separados y te preguntas para qué te "emperifollaste" tanto y exiges
que te devuelvan el regalo con el que los obsequiastes.
Bueno, pues ya sabeis, a mí no me inviteis a una boda a menos que esta sea
celebrada en el campo (o en la playa) todos con vaqueros y deportivas (o con
bañador y chaclas) y una buena barbacoa para culminar el evento... la
"elegancia" (si va acompañada por la incomodidad) no va conmigo.

La boda... ¿sueño o pesadilla?.


"Despertar a la vida"
7 de Julio de 2008
Entre las reseñas que ha seleccionado Tere esta semana hay una que me llamó
rápidamente la atención, porque creí que podía verme un poco reflejada en ella:
"Despertar a la vida" de Heavey Tara. La historia de una chica que
abandona la gran ciudad para vivir en una pequeña población en medio del
campo...
Después de leerla me dí cuenta que de reflejar mis últimos años nada de nada.
En primer lugar, yo no soy "chica", soy casi abuela, y tal vez mi forma de
pasar las horas libres no necesite de "centros de ocio" como le puede ocurrir a
alguien más joven que yo. Lo del "ligoteo" y la "búsqueda del hombre
ideal" (como le ocurre a Elena en el libro) ya quedó para mí muy atrás. Tan sólo
pedí entonces una conexión a internet... y la tengo (algo más chuchurría pues me
acuerdo mucho de mi querida banda ancha)
Además yo no soy abogada, ni me he trasladado a vivir aquí obligada por mi
trabajo. Al revés yo dejé mi trabajo y me vine buscando tranquilidad (y una
mejora en mi salud). Aunque se puede decir que vine obligada por "algo" (mejor
dicho "alguien")... mis hijos. Cuando le comentas a la gente que nos hemos
trasladado a vivir a este rincón perdido porque ellos quisieron la cara de
extrañeza es segura. Pocos pueden entender, y menos si no los conocen, que dos
chicos de 21 y 18 años prefieran la soledad del campo antes que el bullicio y
las oportunidades para divertirse que ofrece la ciudad. Pero es que ellos desde
que eran pequeños han desarrollado un gran amor por los animales y por la
naturaleza... y tener el "zoo" que actualmente tenemos es algo imposible en un
pequeño piso en la ciudad. Allí ya se nos salían los animales por las ventanas o
por las puertas: perros, hurones, conejos, canarios, tortugas, peces, cobayas,
hamsters, palomas, perdices... de todo he tenido en mi casa (solo me faltó un
burro, tal vez porque no cabía en el ascensor). Menos mal que los vecinos eran
pacientes y no se quejaron jamás. Ahora se ha expandido, y mi gran alegría es
que han visto cumplido su sueño: Tener una perrera y poder disfrutar con sus
"amigos" en el monte. Esa es la gran ventaja de vivir aquí.
Otra diferencia es que el pueblecito en el que vivo es pequeñísimo comparado
con el lugar donde se fue a vivir la prota de la novela... ni hablar de tener un
bufete de abogados. Aquí montar una oficina estaría condenada al fracaso y todos
se morirían de hambre. Con 170 habitantes que somos, pocas veces íbamos a
necesitar sus servicios. Por no tener no tenemos ni una mísera tienda, aunque
estamos bien "surtidos": el panadero viene todos los días a las doce, y como no
estés a esperarlo un día que te pasas a dieta sin pan (o tienes que coger el
coche e ir a otro pueblo); El de la drogería (Juan) viene los miércoles en su
tienda-camión; Carlos el de los congelados también viene ese día; pero Jose el
"de Plasencia" (la tienda de ultramarinos) y Manolo el de "los dulces" (es que
en este pueblo somos mu golosos y necesitamos una visita semanal para surtirnos
bien de todo tipo de goloserías), esos llegan el martes por la tarde; Y el
último en llegar es Amador "el frutero", que lo hace el jueves. Como no te sepas
bien los horarios o no hagas una lista con lo que necesitas, corres el peligro
de quedarte a media semana sin papel higiénico, o sin azúcar, o sin pastas para
el café. Aunque siempre te queda el recurso de ir a tres kilómetros que hay un
pueblo más grande con algunas pequeñas tiendas, de esas de pueblo donde te
venden de todo (a precios carísimos, eso sí)
Por lo tanto a todas aquellas a las que le guste "ir de tiendas", abstenerse
de trasladarse a mi pueblo. Aquí sólo tenemos "boutiques" ambulantes (tipo
mercadillo del rastro) que nunca sabes cuando vendrán, y que anuncian su
mercancia (ropa o calzado) con un megáfono por todo el pueblo. Al cabo de una
hora, estás hasta las narices de "toallas, toallas de baño, toallas de lavabo,
toallas de vidé, las mejores toallas para la casa, a precio de saldo... vengan
señoras no encontrarán unas toallas iguales, de la mejor calidad y al mejor
precio...", que lo que tienes ganas es de que termine de una vez de vender todas
las toallas a ver si así se calla y te devuelve "la tranquilidad" que tú has
venido a buscar aquí. Y ¿por qué será que cuando necesitas zapatillas el señor
ambulante que llega ese día trae camisetas y viceversa?... total, lo mejor es
esperarte y aprovechar uno de esos viajes relámpago que hacemos a Salamanca y
comprar lo que precises en las tiendas donde lo has comprado toda la vida y
sabes cómo serán.
A mí nunca me ha gustado comprar, lo confieso, siempre he delegado esa
función en otro miembro de la casa, y sólo cuando era imprescindible he salido
yo. Aunque hay una tienda que hecho de menos aquí: la de informática, no sabeis
la rabia que da que se te estropee algo (un simple ratón) y tengas que esperar
al siguiente viaje o lo tengas que pedir por correo a la tienda de mis amigos.
Al contrario que a Elena, la protagonista de Despertar a la vida, yo
sí sabía como era la vida aquí. Desde que era un bebé he pasado todas mis
vacaciones y muchos fines de semana en la casa del pueblo... sabía lo que nos
íbamos a encontrar tanto yo como mi familia. Tan sólo tuvimos que cerrar la
puerta de nuestro piso en Salamanca (al que volvemos de "pasada" cuando vamos de
viaje a la ciudad) y abrimos la puerta de la casa de Madroñal. Por eso vencieron
las ventajas sobre los inconvenientes a la hora de elegir vivir aquí... y ahora,
casi dos años después, hemos comprobado que somos más felices, y cada vez que
tenemos que ir a la ciudad (no queda más remedio, allí están los médicos, las
oficinas, la administración, las tiendas...) estamos deseando terminar rápido
todo lo que llevamos proyectado hacer y regresar lo más pronto posible.
Un consejo para todas las que os esteis planteando hacer esta mudanza (sé que
hoy en día hay muchas familias que lo han hecho), conocer bien el lugar donde
vais, y pasar un tiempo a prueba, mejor un mes de invierno pues en el verano
todo es idílico... porque la vida aquí es muy diferente y puede ser dura. Aunque
a veces merece la pena despertarse con el trinar de los pájaros y no con los
ruidos de los coches.

Madroñal... Mi pueblo.


Tenemos que compartir experiencias
23 de Junio de 2008
Por lo que os conté la semana pasada, y por lo que algunas
“confesasteis” en el foro... se podría pensar que las aficionadas a la lectura
somos personas solitarias, hurañas y tremendamente despistadas.
Solitarias porque nos refugiamos en nuestra “cueva”
a disfrutar de nuestras “joyas” y somos capaces de estar horas y horas sin
hablar con nadie, ajenas a todo lo que ocurre a nuestro alrededor (tan sólo nos
damos cuenta que se ha hecho de noche cuando vemos que cada vez nos cuesta más
distinguir las palabras).
Dicen que somos hurañas, porque pobrecito del que
se le ocurra interrumpirnos en la escena culmen de la novela... puede recibir
algo más que un mal gesto. Y si suena el teléfono justo cuando nuestro héroe se
encuentra en un grave apuro, lo mejor es dejarlo sonar o si contestamos lo
hacemos mediante monosílabos y cortar lo más rápido la conversación.
Y lo de despistadas... pues nada más hay que leer en
el foro la nueva receta inventada por Delar, la de “huevos al techo”... pobre
familia, lo que nos aguanta a veces.
Aunque nada más lejos de la realidad, ni somos solitarias,
ni hurañas y menos despistadas. No nos gusta la soledad... porque si hay algo
aún mejor que sumergirte en una buena historia, es poder comentar esa historia
con otras personas que la hayan leído. Pero claro ¿dónde están esas otras
personas?
Lo tópico es que si subes en el ascensor con la vecina del
segundo, le digas:
–¡Vaya tiempo que tenemos! ¿eh?. Menudo calor... yo creo
que este año nos vamos a asfixiar, acaba de empezar el verano y ya sudamos la
“gota gorda”..
Eso si la relación con la susodicha vecina es simplemente
cordial. Si la confianza es mayor le puedes decir:
–¿Solucionaste el problema de la gotera? Pues deberías
exigirle al vecino que te lo subsane, así no te puedes quedar...
Pero imagina que la asaltas nada más subir y comienzas a
contarle esa escena del último libro y le dices:
–Fíjate, la pobre chica se metió en el confesionario, y
resulta que había unas letras escritas en relieve, y... ¿sabes qué le pasó
cuando las tocó?... pues que sintió así como un mareo y cuando salió estaba en
el siglo XVIII...
Entonces la vecina (que desgraciadamente no suelen
compartir nuestra aficción con las novelas) se te puede quedar mirando con cara
alelá y preguntarte:
–¿Eso qué es? ¿La película de la tele de anoche?
–No, el último libro que he leído. Si lo quieres te lo
dejo, es de una autora...
Pero antes de que te entusiasmes te interrumpe y te dice:
–Uff, es que yo no leo. No tengo tiempo. Prefiero ver la
historia luego, cuando sacan la peli.
Y te quedas mirándola como si fuera un bicho raro porque
preferir la “peli” al libro lo consideras más o menos un sacrilegio.
No obstante la aventura vivida por tu heroína sigue viva
dentro de tu cabeza y cuando en la cola de la carnicería alguien comenta...
–Ponme unos tres quilos de chuletillas, que hoy tengo
invitados a cenar.
Tú no puedes menos que meter cuña y sin poderlo evitar
comentas:
–Para cenas la que se celebró en la casa de Doña Úrsula,
más de 200 invitados. Y fíjate que a Diego lo querían casar con la hija del
pretoste...
Y la señora que había pedido las chuletas te mira de arriba
a abajo, con cara de pensar que no tienes mucha pinta de pertenecer a la yet-set,
y que dónde habrá sido esa cena y que quien será ese pretoste del que no ha oído
hablar...
–¿Eso fue aquí? ¿Dónde? ¿En el Casino, en el Club de
Campo...?
–¡Ah, no! Es en la novela que leí anoche que estaba
ambientada en el siglo...
Pero no te deja terminar, te mira con cara de desprecio y
te dice:
–Yo prefiero las fiestas en vivo. “Eso de los libros” es
para los que no tienen amigos.
Te sonrojas, y te das cuenta que todo el mundo te mira y
como no tienes ganas de “gresca” te callas que si no ya le dirías tú a la tonta
esa que tú tienes muchos, muchos amigos y mejores que los del Casino.
Aún así, tú necesitas contarle a alguién la historia que
has vivido a través de las páginas de ese nuevo libro y aprovechas mientras
estás en los servicios de chicas durante las horas de trabajo, y, mientras una
de tus compañera cotillea con vosotras sobre el nuevo modelito que se ha
comprado para la boda de su prima, pues tú...
–Para vestidos, el de Aurora... el de la boda. Seda color
verde aguamarina, con unos encajes en el escote en tonos dorados y unas
florecitas en tono...
Pero de nuevo no te dejan terminar:
–¿En qué revista has visto ese modelito? Tienes que
enseñarme las fotos.
¡Ay! Ya volviste a “meter la pata”.
–No, no es en una revista. Es en la novela de A través
del tiempo...
–¡Bah...! Una novela. Vaya tontería... ¿pero tú pierdes el
tiempo con eso?... Si no tienen fotos.
Y de nuevo te callas... Para qué discutir. Además, ¡cómo
hacerles comprender lo que te has emocionado con la historia de Marina y Diego,
lo que has sufrido cuando los atacaban los piratas, y la sonrisa que se te ha
puesto en la cara cuando él se cree que ella es un muchachito, y esa lagrimita
que se te ha caído cuando se han tenido que separar!... Eso sólo lo entiende las
personas que son como tú, las que vibran con cada nuevo libro que lee. Y en este
mundo que nos rodea, tan impregnado de imágenes, con tantas prisas y tantos
sitios donde “divertirse” no hay muchas a las que le gusten “las letras”.
Pero, como tienes que contarle a alguien todo esto que has
vivido (si no reventarás), y como desgraciadamente en tu entorno no hay quien te
pueda entender... ¿qué puedes hacer? Seguro que todas lo sabeis... Venir al
foro, a este nuestro o a otro cualquiera, y escribir un mensaje contándonos
todos los sentimientos que ha despertado en ti el libro. Seguro que hay cientos
de personas que te entenderán y que algunas, incluso, te contestarán con lo que
ellas hayan sentido. Por algo proliferan tanto los foros y las webs de libros y
de lectura.
Así es que de solitarias nada de nada.
¡Ah! Y tampoco somos hurañas que sólo hay que ver lo
educadas, amables y respetuosas que somos en los mensajes del foro. Y mucho
menos despistadas... a ver ¿alguna se le ha olvidado que hoy es lunes y que
tenemos nuevas reseñas?... Pues eso...



Mi rincón para soñar
16 de Junio de 2008
La semana pasada comentaba sobre dónde y cómo nos gustaba comprar los libros.
Así es que esta semana he querido continuar la historia, es decir, tú llegas a
casa con tus "tesoros" y estás ya deseando meterte en tu "cueva" para
disfrutarlos... ¡Ah!, que nadie te los quite, porque son "tuyos, solo tuyos"...
tal como Golum en el Señor de los anillos serías capaz de cualquier cosa a quien
te interrumpa la deseada lectura, por lo tanto hay que buscar un buen rincón
para sumergirte en la lectura... Pero ¿cuál es ese lugar?
Lo tópico es imaginarnos "despatarradas" en un buen sillón con reposapié
situado delante de un ventanal a través del cual se ve caer la nieve, y enfrente
de un buen fuego... ¡Ah! que no falte la taza de chocolate, café o té (ya sabeis
que lo mío es el café ¿no?) para ir bebiendo entre párrafo y párrafo mientras
saboreamos las mieles de la historia. Pero a estas alturas del mes de junio como
que el fuego no apetece ¿no? Al menos a las que vivimos en este lado del
hemisferio... Entonces situémonos en una terraza abierta tumbadas en una hamaca
debajo de unas enredaderas que nos protegen del sol y escuchando a las olas
batirse por debajo de nosotras en la playa cercana, con una buena limonada,
coca-cola o cualquier bebida refrescante (lo mío sigue siendo el café, aunque
ahora frío) que servirá para bajar un poco los "calores" provocados por una
lectura "apasionante"... Pero no todas contamos con un sillón de esos supercómodos, ni con chimenea, ni nieve, ni playa, y menos enredaderas en una
terraza... así es que debemos buscar otros lugares sustitutivos.
Aunque a las que somos lectoras voraces, las auténticas termitas de los
libros, nos da igual donde leamos (podemos hacerlo en cualquier sitio y
posición: sentadas, de pie, en casa, en la calle, en el bus, comiendo o viendo
la tele...) todas tenemos un lugar preferido.
El preferido mío, como creo que será el de muchas, es la cama... porque,
seamos francas, para qué vamos a estar en una dura silla cuando podemos "repantingarnos"
todo lo largas que somos, mientras soñamos con la historia que leemos... Pero,
al cabo de un rato (más o menos largo), el brazo con el que sosteníamos el libro
se nos ha dormido, la vista se nos está cansando (sobre todo a las que tenemos
una cierta edad), y el estómago nos empieza a lanzar señales de aviso de que han
pasado varias horas y aún no ha recibido su ración.
Y nos dirigimos a la cocina, eso sí, sin soltar el libro ni cerrar la página
por la que vamos leyendo, en busca de "suministros" para acallar el hambre.
Incluso algunas vamos leyendo por el pasillo: eso depende lo interesante que
esté la lectura... imagina que te pierdes algo importante mientras te trasladas
desde la cama hasta el frigorífico. Coges lo primero que encuentras, no es
cuestión de perder el tiempo, y regresas lo más deprisa que puedes (mejor no
encontrarte con alguién que te entretiene) a tu rincón haciendo equilibrios con
el bocata, el vaso de bebida y el libro...
Algunas pensaran por qué no lo has dejado en la cama esperando a que
regreses; pues no, porque imagina que mientras tú estas repostando en la cocina,
un listillo te lo quita; o que por cualquier causa no puedes regresar, pánico te
da si la puerta de la cocina no se abre, y te quedas encerrada y no puedes
continuar con la lectura... aunque estos casos se dan uno de cada un millón de
veces, es "mejor prevenir que lamentar"; también puede ser que lo primero que
hemos encontrado en el frigorífico sea algo dificil de comer en posición de
tumbada (por ejemplo, un bol de natillas), no es cuestión de dejar toda la cama
llena de churretes, o que se incline el tazón y estropeemos nuestra "joya" de
libro... mejor es sentarnos en una silla de la cocina, (con el libro delante del
tazón, eso sí) y paladear un delicioso dulce mientras nos volvemos a sumergir en
la historia. Cuidadito no nos distraigamos demasiado con esas escenas
"apasionantes" que toda buena historia tiene, no sea que no llevemos bien la
cuchara de natillas a la boca y acaben las natillas por la pechera de
nuestra camisa... no os riais porque en estos casos de abstración total nos
volvemos torpes como bebés.
Hago aquí un inciso para comentar que existen alimentos que son prohibidos
mientras leemos, si queremos preservar en buen estado nuestros libros. Por
ejemplo: nada de chorizo, ni embutidos que tengan grasa "colorá"... pues
corremos el riesgo de dejar nuestras huellas dactilares (rojas en vez de negras)
en alguna página del libro. Las patatas fritas hay que comerlas con cuidadín,
pues sueltan muchos "cachitos" que se quedan incrustrados entre las páginas y
tenemos que sacudir bien fuerte el libro boca-abajo para librarnos de ellas. Lo
mismo ocurre con los dulces hojaldrados. El chocolate, si no lo dejas
deshacérsete en las manos (en este caso la huella dactilar sería marrón oscura),
es ideal también, sobre todo para historias "dulces"; pero no abusemos de él
que, al igual que ese tipo de historias, en exceso "empacha". A mí lo que me más
me gusta es un buen bocata (de lo que sea, me da igual)... y ¡¡qué bien me saben
los bocatas cuando los aderezo con la lectura de una buena historia!!, parece
que saben diferentes.
En fín, después de atender a nuestra necesidad de comida, tan sólo hay otra
situación en la que tengamos que abandonar nuestro cielo particular: cuando
nuestro cuerpo nos pide (nos exige) responder a esa necesidad tan primitiva como
la comida, esa necesidad fisiológica consecuencia más o menos inmediata del acto
de comer. Y, mal que nos pese, por mucho que tratemos de retardarlo, no nos
quedará más remedio que ir... y, a veces, tan deprisa que si alguien se pone en
nuestro camino nos lo llevamos por delante. Claro que en este caso, y por mucha
urgencia que tengamos, tampoco olvidamos el libro. ¿Por qué? Pues porque en ese
lugar, comunmente conocido por todos como "sala de pensar", es otro de nuestros
lugares preferidos de lectura. Será porque es un lugar donde nos relajamos, nos
invade una gran "paz corporal" y... qué mejor que disfrutar de ese momento de
"intimidad" (un momento tan solo nuestro) con la lectura de un buen libro.
Bueno, al menos a mí me gusta leer "allí" (y si no me equivoco a muchas otras
personas). Hay quien posee una estantería con libros en esa pieza del hogar, por
si en el momento de acudir no tenemos uno entre nuestras manos. Lo confieso, yo
la tengo.
Y ahora, con las nuevas tecnologías, cuando muchas de nosotras hemos
sustituído el libro de papel por la PDA... hemos soslayado algunos problemas
(como el de las huellas de chorizo que en la PDA se quitan muy bien) y hemos
conseguido llevar a nuestros queridos libros a cualquier rincón sin tener que
llevar "sobrepeso", ni hacer malabares para que no se nos pierda el punto de
lectura...

Como en un nido...hecho de sueños.


¡¡Vamos de compras!!
9 de Junio de 2008
A la hora de comprar un libro cada una tenemos criterios diferentes. O sea,
igual que cuando nos vamos a comprar un traje, cada una tenemos nuestro método:
Hay quien va a "tiro hecho", a la librería en busca del último libro publicado
de su autora favorita, lo mismo que va a la tienda de su diseñador favorito
porque sabe que "nunca le falla"; las hay que se pasean por la sección de libros
de un centro comercial, buscando las novedades, y acto seguido se pasean por la
sección de moda a ver si hay algo nuevo que esté a buen precio; otras buscan por
internet, en las diferentes editoriales lo último de lo último, aunque en
cuestión de ropa esto es menos común... pero todo llegará.
Pero a mí lo que me gusta de verdad, es buscar en las librerías antiguas,
donde se encuentran los libros descatalogados, de esos que nadie conoce... o
buscar en las ferias del libro antiguo y de segunda mano. Bueno, en cuestión de
ropa soy muy "clásica", pero no tanto como para vestirme con trajes del siglo
pasado. Entre otras cosas porque llevar miriñaque, o can-can es muy incómodo.
Mejor sigamos hablando de los libros y dejémonos de moda.
Cuando se entra en una libreria de esas que a mí me gustan, es como entrar en
otro mundo o como viajar en el tiempo, pues todo sigue igual que años atrás. Es
como decir "abréte sésamo", empujar la puerta, sonar una campanilla (eso que no
falte) y ya estás en la "cueva del tesoro"... Y yo me siento como Ali-Babá, en
medio de tantas joyas.
Lo primero que me atrae es el olor. Ese olorcillo del polvo acumulado sobre
las páginas, día a día durante tantos años, que se te mete por la nariz y,
aunque te hace estornudar, te provoca una especie de excitación pues no sabes
qué te puedes encontrar allí. Después recorres poco a poco todo el local, casi
con el mismo respeto que cuando entras en un museo, y observas los libros que se
amontonan por toda la tienda: los estantes, las mesas e incluso en el suelo. Los
ojos te hacen "chiribitas" y las manos "se te van" a los libros.
Por último, tomas con reverencia uno de ellos y, llevas a cabo una ceremonia
casi religiosa: primero pasas la mano suavemente por la tapa (cuya ilustración
son mucho más artisticas que las de hoy en día); lo giras y lees la sinopsis de
la contratapa; te fijas en el lomo, y en la textura de la encuadernación (ni
parecida a las de hoy en día); y, por último, hojeas las primeras hojas (con ese
colorcillo tan característico casi similar a un pergamino); y casi sin querer te
ves ya inmersa en su lectura. Todo esto lo haces con mucho mimo, como si de un
bebé se tratase; bueno, casi mejor decir como si fuese un viejito querido, que
si no lo acaricias con mucho cuidado pudiera desintegrarse en tus manos.
Cuando casi estás convencida de "meterlo en la cesta" tus ojos resbalan sobre
otro libro del montón y... vuelves a repetir todo el proceso. Y cuanto más
miras, más dudas tienes sobre cual llevarte contigo. La elección no es facil, en
definitiva es como elegir un amigo. Con un poco de suerte, (si tu presupuesto te
lo permite) saldras de la tienda con un buen puñado de "joyas" (al menos es lo
que esperas que sean). Aunque dentro del local parece que el tiempo se hubiera
detenido, al salir de nuevo al mundo te percatas de lo tarde que es (como
siempre que haces algo que disfrutas, las horas te han parecido minutos) y te
apresuras a regresar a casa para empezar cuanto antes a bucear en alguno de los
libros que llevas.
Así es que ya sabeis, a la hora de leer, lo que más me gusta, es guiarme por
el instinto, por el primer impulso, y comprar libros "desconocidos". Como si
fuese un arqueólogo, prefiero descubrir esos tesoros por mí misma, sin dejarme
guiar por la publicidad, ni el marqueting, ni siquiera por el "número de libros
vendidos". Tan sólo me escucho los comentarios de buenos amigos que comparten su
aficción conmigo. Por lo tanto, huyo de las listas de los best-seller (he de
confesar que no he leído El código Da Vinci, tal vez si no hubiese sido
tan famoso lo hubiese "probado). Elijo autores y títulos de los que nunca he
oído hablar. Claro que a veces el instinto falla y lo que creía un diamante en
bruto resulta un trozo de carbón. Pero, cuando das con una gema, la satisfación
es mayor por haberlo descubierto tú solita y por ser una de las pocas personas
que han disfrutado de su lectura, y no ser un número más en la estadística de la
lista de los más vendidos.
La pena es que de estas tiendas cada vez quedan menos. Cada vez tenemos menos
tiempo para disfrutar del proceso de elección de un libro, y lo compramos como
quien compra un kilo de patatas. Pasamos por el estante, hechamos un vistazo al
título y vemos cual es su autor (este me suena) y lo metemos en el carro de la
compra. Bueno, alguna no haceis eso... ya sé que llevais la "lista" de las
novedades (igualito que la lista de la compra del super) y que antes habeis
leído buenas o malas críticas de él.
La librería que yo visitaba, en Salamanca, ya no existe. No sé qué harán
ahora con los libros "viejos". Tal vez duerman en un cajón olvidados en un
rincón de un almacen o (Dios no lo quiera) hayan sido destruidos o reciclados
para imprimir otros nuevos. Ya sólo puedo encontrar esas "rarezas" en las
bibliotecas... o en internet. En la red sí podemos encontrar libros antiguos,
aunque no podemos disfrutar del proceso de comprarlos: nos falta el olor a libro
viejo y el polvillo que se te queda en las manos al hojearlos como lo haciamos
en esos museos bibliográficos.

Queridos viejos libros


Mi querido ordenador
2 de Junio de 2008
Seguro que todas vosotras habeis tenido una relación de amor-odio con vuestro
ordenador, que ha tenido un momento "conflictivo" en el momento más inesperado;
algo así como una discusión entre amigos.
Nos hemos aconstumbrado tanto a este "aparatito" que cuando nos falla (porque
es él el que siempre falla, nosotras nunca hacemos nada mal), lo miramos con
cara de desesperación y nos preguntamos «¿Qué ha
pasado?», nos decimos, mientras contemplamos
atónitas la pantalla. Y por mucho que esta se quede en negro, o empiece a hacer
tonterías, no terminamos de creerlo y apretamos diferentes teclas por si "sonase
la flauta", o lo apagamos y lo encendemos, a ver si los "duendes" que se
esconden ahí, al otro lado, pudieran arreglarlo... pero, lamentablemente no, la
flauta no suena.
Sólo tenemos dos soluciones: o somos unas manitas o se lo llevamos a un
técnico.
Si nos encontramos en medio de una crisis (lease fin de semana con todo
cerrado), nos decimos, «a lo mejor no es tan dificil»... y hechamos mano de un
destornillador, nos encomendamos a Santa Tecla (para las que no lo sepais es la
patrona de los informáticos), y nos disponemos a abrir nuestro querido pc. Pero
claro ahí dentro no vemos nada, o mejor dicho vemos mucho pero no entendemos
nada: vemos cablecitos, plaquitas de color verde y muchos botoncitos (que para
los entendidos serán microchips, tarjetas, modems, discos duros...), bueno y un
poco (o un mucho) de polvo, digamos que pelusillas por todas partes. Y pensamos, «a lo mejor si lo limpiamos un poquillo, se soluciona». Así es que soplamos, lo
frotamos muy suavemente con un algodón porque con una bayeta con tantos
"botoncitos" sería peligroso: si alguno se cae, a saber adónde irá...
apretamos bien todas las plaquitas que vemos y lo encendemos... ¿funcionará o no
funcionará? No nos ilusionemos, casi siempre es no.
Se nos enciende la lucecita de la esperanza cuando nos acordamos del
amigo/a, del primo/a, del vecino/a, del compañero/a... ese que es un "experto en
nuevas tecnologías" y que está todo el día "conectado" a las maquinitas. Raudas
y veloces nos ponemos en contacto con él/ella:
—Te juro que yo no lo hice nada, estaba tan tranquila
(navegando, leyendo, redactando un informe) y de repente... ¡¡puff!! la pantalla
en negro
—....
—Bueno, sí tiré un poquito de café... pero muy poquito
¿eh?
—...
—Sí, ya lo abrí y lo limpié, lo soplé, incluso le pasé
el secador de pelo.
—...
—¡Ah! ¿entonces crees que me he cargado la gráfica?(¿qué
narices será eso?)
—...
—¿Y cómo se soluciona? (Esto es lo que más nos
interesa)
—...
—Comprando una, claro ¿Por casualidad no sabes si hoy
domingo hay abierta alguna...
—...
—No, si ya me lo imaginaba que hoy todo cerrado. En fín,
tendremos que esperar
(De repente nos damos cuenta de algo terrible y
temblando preguntamos)
—Oye, no habré perdido todos los datos que tengo dentro
¿eh?
En nuestra imaginación se nos presenta como un flash
todo lo que tenemos en nuestras "carpetas del pc" y cuantas más vemos más nos
vamos aterrando (las fotos de las vacaciones, el informe de la oficina... ¡ays!
y las reseñas de DT). Menos mal que antes de que sigamos sintiendo como se nos
encoge el corazón escuchamos:
—...
Y lanzamos un profundo suspiro
—¿Qué NO?... ¿de verdad?
—...
—Pues menos mal, que susto... En fín, pues muchas
gracias.
—...
—¡¡Hasta luego!!
Y una vez que ya sabemos que no podemos hacer nada, le
lanzamos una última mirada (¡¡traidor, que eres un traidor!!) y volvemos
a cerrarlo... Nos armamos de paciencia, encendemos la tele (sin dejar de pensar
en lo que podíamos estar haciendo en nuestro querido pc) y nos disponemos a
esperar hasta el lunes que abrirán la tienda.
Y allí estamos a primera hora, con nuestro querido ordenador en brazos cual
si de un bebé se tratara. Y repetimos todo lo que le habíamos contado el
día anterior a nuestro "experto de andar por casa"... y después de repetir cien
(o más veces) que es «urgentísimo, que lo necesito para el
trabajo» (no le vas a decir que es para tu vicio secreto de la lectura
romántica)... y después de preguntarle otras cien (o más) veces si va a ser muy
caro la reparación... y después de quedarte con cara de boba cuando te explican
las diferentes posiblidades (que no sé porqué tienen que explicarlo en ese
idioma que nadie entiende)... y de llegar a la conclusión que el "fallo" puede
suponer desde una simple limpieza en el extractor a tener que tirarlo a la
basura y comprar otro... sales de la tienda con el "corazón en un puño" pensando
en a) ¿qué narices voy a hacer hasta que me lo devuelvan? y b) cómo tenga que
comprar otro se desbarata todo el presupuesto del mes.
Y hasta que llega el día de ir a recogerlo, lo tienes en
la cabeza a todas horas, es como tener un amigo en el hospital, y piensas en la
de "cosas" que te estarás perdiendo esos días al no poder leer nada del foro, ni
poder charlar con las amigas, ni poder terminar esa reseña que dejaste a
medias... (seguro que en lo que menos piensas es en el informe de la oficina).
Pero, al final (siempre más tarde de lo que te
gustaría), vas a buscarlo, y tu cara se ensancha con una gran sonrisa cuando te
dicen «Solo hemos tenido que limpiarlo»... «Nada, no me pagues nada» (Esta es la
ventaja de tener una tienda de infórmatica en los bajos de mi edificio, ellos
son buenos amigos y yo soy "buena cliente"). No ves la hora de llegar a casa,
enchufarlo y... «¡¡Bien, ya estoy de nuevo con todas mis amigas de DT!! Ahora a
ponerme al día y a pedir a todos los santos (por si Santa Tecla sola no tiene
suficiente poder) que esto NO ME VUELVA A PASAR... ¡¡qué susto!!»

¿Amor u Odio?


El hombre perfecto
5 de Mayo de 2008
Esta semana
he estado leyendo el libro de Despiertos a medianoche de Jacquie
D'Alessandro; no, no os lo voy a comentar, mejor dejemos que lo disfruteis
primero y que las expertas en críticas que tan bien lo hacen en el foro nos lo
comenten. Simplemente voy a llamaros la atención sobre algo que nos narran en el
libro: la Sociedad Literaria de Damas Londinenses se reunen para comentar el
último libro que han leído, Frankestein. Bueno, eso al menos es la teoría,
porque no sé que ocurre que en cuanto se reunen un grupo de mujeres (sea de la
época que sea y para tratar el tema que sea), al final siempre terminan hablando
del género masculino, primero criticando sus múltiples defectos y después
enumerando las múltiples virtudes que, a nuestro parecer, deberían de tener....
y al final, nada mejor que plasmarlas en un papel y confeccionar la lista del
Hombre Perfecto, bastante diferente del que creo Victor Frankestein (nada que
ver, por supuesto).
¿Os suena?
Claro, no es la primera novela que comienza con la famosa lista, ahora me viene
a la memoria El Hombre Perfecto de Linda Howard o Cuatro mujeres
de Ann Major (seguro que vosotras sabeis más). Aunque al principio pongan el
listón muy alto en sus exigencias hacia el sexo contrario, al final nuestra
protagonista femenina se "conforma" con el que tiene más a mano, que más o menos
viene a cumplir la mayoría de los requisitos de la lista (y si alguno no lo
cumple, pues se hace la vista gorda y se pasa por alto). Pero no se pueden
quejar, porque los protagonistas masculinos de estas novelas casi, casi la
cumplen al 100%.
¿Y qué
requisitos ha de cumplir? Pues la mayoría de las famosas listas, comienzan con
características muy loables: que sepa escuchar, que sea honorable, que nos
ofrezca su hombro en los malos momentos.... pasando por caracteres más
prosaicos: que le guste la jardineria, que monte bien a caballo (o que sea buen
deportista)... y al final (no sé cómo) siempre tiende a otros más llamémoslos
"físicos"... que sea apasionado, o que sepa besar, o que sea muy sexy... y
puestas a pedir para qué nos vamos a conformar, así es que pedimos que sea un
tipazo de impresión o que su cuenta corriente sea inagotable.
Y aunque
pensemos que somos diferentes, que cada una tenemos un ideal distinto, parece
que coincidimos a la hora de confecionar la lista. Puede que a unas nos atraigan
los morenos y a otras los rubios, o que diferimos en el color de ojos... pero en
lo "esencial" seguro que todas estamos de acuerdo. Y sino lo creeis, os propongo
convertirnos en La Sociedad de Damas Internautas y realicemos en el foro nuestra
propia lista del hombre perfecto.... ¿qué le pediríais a nuestro protagonista
masculino? No os corteis y pedid... (es gratis).
Me pregunto
yo: ¿habrá por ahí alguna lista, (confecionada por ellos, claro) en la que se
enumere los requisitos de La Mujer Perfecta?.... Espero que no, o que si la hay
no hayan sido muy exigentes, pues no tiene una ganas de deprimirse al constatar
que son pocos (o ninguno) los que una en su imperfección cumple.

¿El hombre perfecto?


El hombre perfecto II
12 de Mayo de 2008
Continuando con el tema de la semana pasada, y gracias a vuestra colaboración
en el foro, hemos podido crear nuestro propio listado de El Hombre Perfecto. De
todos los requisitos que habeis enumerado en el foro, he extraido diez para
crear el DECÁLOGO DEL HOMBRE PERFECTO:
-
Físicamente que nos resulte atractivo.
-
Que piense en mí y en mis necesidades.
-
Que me deje espacio e intimidad.
-
Que nos entendamos intelectualmente, culto y con opinión sobre el
mundo que nos rodea.
-
Que sea buena persona, con un corazón compasivo, pero firme.
-
Que me haga reir mucho mucho, que el sentido
de lo absurdo y lo caustico se entrelacen.
-
Que me haga sentir su protección, quitar las penas ante las
adversidades de la vida.
-
Que tenga caracter, el suficiente para hacer frente al mio pero sin
avasallar.
-
Que sea amante de los animales
-
¡¡Y que sea tremendo en la cama!!
Creo que todas nos damos cuenta, que si vamos con esa
lista por ahí buscando el hombre perfecto, no lo vamos a encontrar. Aunque
seamos románticas y soñadoras tenemos los pies en el suelo, y sabemos que los
héroes de las novelas también tienen sus defectos (aunque la autora a veces los
esconda... no somos bobaliconas (como algunos detractores de este género quieren
hacernos sentir).
Qué mejor manera para demostrar que somos realistas,
aunque sentimentales, que leer lo que escribió nuestra amiga Xaloc, en el
foro...
Mi fantastico hombre 10
De jovencita soñaba con mi hombre perfecto, seria alto 1.90 mts.
por lo menos, moreno, con barba, ojos verdes o azules, fumaría en
pipa, tendría aire intelectual con su pelo un poco rizado, quizá
sería un poco contestario con el pelo largo y atado con una tira de
piel formando una coleta, sería deportista con unos buenos músculos
(siempre he sido de caderas generosas) así que un chico fuertote
podría levantarme sin problemas (ahora ya no, jajajaja), sería
aventurero, secundaria mis locuras, disfrutaríamos de unas
vacaciones de desenfreno en Lisboa, esquiaríamos en invierno en
Andorra, descubriríamos juntos el sexo, nos amaríamos con pasión,
haríamos el amor en la playa y en la escalera de su casa, abriríamos
la puerta a los grandes placeres experimentando todas las
sensaciones posibles, porque seriamos uno y no se podría decir donde
terminaba un cuerpo y una mente y empezaba otra.
Encontre a mi fantastico 10 y experimente muchas de las cosas
que esperaba, solo había una nube en el horizonte no era la persona
adecuada para comprometerse en una relación, amor, si, sexo, si,
aventura, si, familia, no, hijos, no, fidelidad, no…
Mi hombre
perfecto
Después de unos años intentando encontrar otro 10, apareció un
tipo bastante “corriente y anodino” era divertido con sus amigos y
se podía contar que siempre estaría allí para echar una mano, no era
guapo, no era moreno, tenía los ojos verdoso-gris color del tiempo,
aunque llevaba barba, no fumaba en pipa, no era deportista y en
lugar de músculos tenia barriguita, no era aventurero, le encantaban
mis locuras pero no las secundaba, no llevaba ropa de esport sino de
vestir, en su rostro siempre había una expresión de despistado y
aburrido que no cambiaba nunca, de sus relaciones anteriores casi
nada se sabía, salíamos con el mismo grupo y siempre me sorprendía
que cuando estábamos juntos hubiera feeling entre nosotros.
Quien sabe lo que fue si el reloj biológico, si mi madre
diciendo para cuando un novio o si se estaba pasando el arroz, la
cuestión es que un día levante la vista y él estaba allí mirándome
con unos preciosos ojos verdes, con un pelo negro con muchas canas,
una barba muy bien cuidada y vestido como todo un señor. Decidimos
profundizar en la atracción que sentíamos sin perjuicios y descubrí
a una persona generosa, muy inteligente, que es consciente de su
aspecto y lo utiliza a su favor (no sabéis la ventaja que puede
suponer parecer tonto en cuestión de negocios) que me ama con locura
y que pondría el mundo a mis pies si pudiera , alguien a quien no le
asustan las obligaciones porque esta comprometido con su familia…
quizás no hagamos nunca el amor en la playa, quizás no seamos
inseparables y podamos divertirnos cada uno por nuestro lado, quizás
no nos envuelva la pasión mas desbordante, pero compartimos lo mas
importante nuestro amor y algo fundamental en cualquier relación
nuestro compromiso con el otro que nos lleva a una lealtad que hoy
en día pocas parejas disfrutan.
Mi hombre perfecto, mi realidad… mi
marido.
XALOC |
No me negareis que eso es "perfecto" y además... REAL.



Principio y fin de una afición
14 de Abril de 2008
Muchas de vosotras sabeis que hace más de un año, casualmente coincidió por
las mismas fechas de la creacción del grupo DT, me trasladé a vivir a un pequeño
pueblo en la sierra. Nací y crecí en la ciudad de Salamanca (a la que adoro),
pero mis raíces provienen de Madroñal, un pueblo en la Sierra de Francia, dentro
de la provincia de Salamanca, cercano (a solo 18 km) de la comunidad extremeña.
Os preguntareis a qué viene hablaros ahora de esto... Bien, esta semana he
comenzado a construir una web sobre mi pueblo, un proyecto acariciado por mí
desde hace tiempo como un homenaje a mis antepasados, y han venido a mi memoria
muchos recuerdos de los buenos momentos pasados en mi niñez en este entorno tan
tranquilo y tan lejos del materialismo de las ciudades (algunos los he ido
plasmando en "El baúl" del Desván). Porque, aunque me crié en una ciudad, todas
mis vacaciones (de verano e invierno) las pasaba aquí... Y creo (estoy
convencida) que fue aquí donde se sembró y germinó mi gran aficción por la
lectura.
Dos fueron las causas:
Aquí no había otra cosa para entretenerse: Allá por los años 60 y 70 no
teníamos en el pueblo TV, ni había un parque para jugar, no había cines, ni
talleres para los niños... y mucho menos videos, DVDs o video-consolas que eso
vino muchos años después a la vida de los niños. Si no llovía, nuestros
imaginación encontraba muchos lugares para desarrollar nuestros juegos en
cualquier sitio alrededor del pueblo. Pero ¿y si estaba lloviendo (algo muy
normal aquí)? ¿Qué podíamos hacer para pasar las largas tardes? Pues leer...
pero, si tampoco había biblioteca, ¿de dónde nos surtíamos para satisfacer
nuestra aficción?
Ahí es donde entra la segunda "causa": En el pueblo vivía un joven, primo
mío, que era inválido, apenas se movía de su casa pues las calles del pueblo no
eran adecuadas para trasladarse en silla de ruedas. Era él, que tenía cientos de
libros, quien ponía a nuestra disposición nuestro material de lectura. En casa
de Fernando, así se llamaba mi primo, nos reuníamos a leer, hasta que la noche
nos obligaba volver a casa (eso sí, nos llevábamos el libro para terminarlo), y
ahí fue donde participé en mis primeros debates sobre lo que leíamos... Allí leí
cientos de novelas de Marcial Lafuente Estefania, de Clark Carrados, de Lou
Carrigan... y alguna de Corin Tellado (he de confesar, que fue la culpable de
que me apartara de la novela romántica durante tantos años)... Allí me aficioné
a las novelas de intriga, y a las de terror...
Hace ya veinte años que murió mi primo, y el pueblo se quedó sin
"biblioteca". Mi generación ha seguido manteniendo su aficción a la lectura:
hasta aquí llega un biblio-bus y los libros se "prestan" entre nosotros..., pero
las nuevas generaciones de niños del pueblo no se sienten atraídos por ellos, ya
hay muchas otras "cosas" en las que emplear el tiempo libre.
No obstante, me gustaría retomar la obra que mi primo dejó... Uno de mis
proyectos (más bien un sueño) sería crear una biblioteca con talleres de
lectura, un lugar fijo para surtirte de material sin tener que esperar todo un
mes a que regrese el biblio-bus, un sitio para resurgir ese grupo fiel de
lectores. Sé que el acceso a los libros es más fácil gracias a internet y los
grupos de trabajo que los ponen a nuestro alcance... Y sé que muchas personas
tienen cajas con libros que no saben que hacer con ellos... Por lo que creo que
mi sueño podría hacerse realidad.
De momento, sirva esta pequeña introducción en la actualización de esta
semana, como homenaje a la persona que hizo posible nacer en mi la inquietud por
la lectura... En definitiva es gracias a esta aficción, por lo que hoy estoy
aquí trayéndoos una semana más muchas novedades.

Niño y niña leyendo en la España Rural de los años
60


Los escritores olvidados
7 de Abril de 2008
Esta semana, mientras buscaba información para la actualización, leí en la
web e-románticos que había fallecido la escritora Phyllis Ayame Whitney.
La noticia no era reciente, fue el pasado 8 de febrero, pero no me había
enterado hasta ahora. Seguro que si hubiera sido algún "famosillo" lo habríamos
sabido el mismo día. Y es que, somos un poco ingratos con estas personas que nos
han dado tantan horas de su vida, que han puesto su talento al servicio de
nosotras, "devoradoras" de libros, y a cambio de tantas horas de
entretenimiento, de conocimiento en muchos casos (algunas entre las que yo me
incluyo seguro que hemos aprendido más de la sociedad y constumbres de una época
leyendo un romance histórico que estudiando el libro de texto en el
bachillerato), y de cultura en otros (reconoced que vuestra ortografia ha
mejorado leyendo)... bien, a cambio de todo eso, muchas han permanecido en el
anonimato, sin reconocimiento de la crítica ni del público lector (todas sabemos
lo desprestigidado que está el género romántico)
A mí me gusta enterarme de la vida de las escritoras... no es que sea "maruja"
o me guste el chismorreo. Lo que me interesa es cómo llegó a convertirse en
escritora. La inmensa mayoría (por no decir todas), han sido grandes lectoras
antes de plasmar sus historias en el papel. Muchas han realizado ciento y un
trabajos de lo más variopinto antes de dedicarse a tiempo completo a escribir.
Algunas han estudiado en la facultad alguna carrera relacionada con la
creatividad literaria, como Escritura creativa, aunque hay algunas que han sido
simplemente amas de casa. Un dato curioso es que bastantes comenzaron a tomarse
su afición de escribir como una profesión al ser madres por primera vez.
Buscaban un trabajo que pudieran realizar desde casa... ¿a quién no le gustaría
tener una profesión así?. Pero "aunque muchas son las llamadas, pocas son las
elegidas", pues lo más dificil (bajo mi punto de vista) es publicar... o, en
otras palabras, "vivir de tu afición", sea esta la que sea.
Escribir, somos muchas las que hemos hecho nuestros pinitos y nos ha gustado
contar nuestras ideas, nuestras aventuras (reales o imaginarias), pero...
¿cuántas han logrado ese sueño? ¿cuántas se han atrevido a presentar sus libros
a una editorial? más aún ¿cuántas han conseguido que su nombre "suene" dentro de
la comunidad de lectores? Yo ni siquiera he hecho lo primero, lo confieso... soy
cobarde.
Pero volviendo a Phyllips A. Whitney, lo más destacable de su biografía es
que murió con 104 años, y pasó gran parte de su vida escribiendo (y publicando),
más de 70 años. Tenía 97 años cuando se publicó su último libro y actualmente
estaba redactando sus memorias. Ella misma afirmaba que una de las causas de su
longevidad era la escritura, que la mantenía activa y le daba una razón para
continuar luchando cada día...
Salvando las distancias, en eso somos "iguales". Para ella era la escritura,
para mí esta web, el "trabajo" que realizo en el grupo de DT y todas vosotras lo
que me da una razón más para animarme todos los días a levantarme, a sonreir y a
seguir luchando... y a romper con la monotonía de la rutina diaria.
Yo desearía que fuese la web de DT, la que os diese una razón para comenzar
la semana con mejor ánimo y con una sorpresa en vuestro día a día.
A ver si así todas llegamos a los 104 años juntas, como esta escritora a la
que he querido recordar hoy.

Phyllis Ayame Whitney

Pasión por los Libros
26 de Junio del 2011
Esta vez, me gustaría comentar parte un texto que una amiga compartió conmigo y que me encantó:
«Todas las historias tienen un final. Ese momento en que suspiramos y cerramos el libro, quizá recostándonos en la silla y apoyando la mano en la portada, suscita emociones contradictorias. Por un lado, nos sentimos satisfechos si el autor ha atado todos los cabos, construido una frase memorable y recompensando al héroe por su elección moral. Sin embargo, también nos entristece que la aventura haya terminado.
A veces, cuando vemos que solo nos quedan unas páginas, aminoramos el paso, saboreando cada palabra, posponiendo lo inevitable. Los personajes que hemos aprendido a conocer y a querer ya no forman parte de nuestras vidas, y eso nos deja nostálgicos. Quizá volvamos a abrir el libro y a hojearlo, buscando los pasajes favoritos para reavivar esas poderosas emociones. Pero la pasión nunca es tan fuerte la segunda vez.» (Cinco mujeres, Mary Alice Monroe)
Creo en que en lo único que difiero del texto anterior es en la última frase. En mi caso la pasión es la misma y quizá más fuerte cuando repaso las escenas más emotivas de mis libros favoritos. Se me vuelve a hacer un nudo en la garganta, lloro, me río con más ganas, siento mariposas en el estómago o lo percibo diferente. Depende del estado de ánimo. Pero también hay historias que me dejan con ganas de más, es quizá por ello que me encantan los epílogos y soy fanática de la series (no de las extremadamente largas), pero creo que como lectoras que llevamos padeciendo junto con los protagonistas, amores, desamores, venganzas o malentendidos, esperando ver que alcanzan la felicidad tan anhelada, nos merecemos disfrutarla un poquito más.
Por otro lado también existen novelas que cuando las terminas, más por terquedad que por gusto, piensas: «Uff por fin acabó». A quién no le ha pasado que comienzas a leer una historia porque el título tenía una pinta estupenda, pero una vez que llegas al contenido te percatas de que el mismo es realmente malo, pero te aferras a teminarla ya sea por la inversión o simplemente por la necesidad de encontrarle el lado bueno.
Finalmente no podemos omitir aquellas novelas que por el título, no las leeríamos aunque nos pagaran por ello y resultan ser unas verdaderas joyas. Me vienen a la mente por poner un ejemplo: El Amo del Juego de Sidney Sheldon, Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larrson y Nueve reglas para seducir a un granuja de Sarah MacLean, que resultaron una verdadera sorpresa y una atrapante y emocionante aventura.
¿Ustedes qué opinan?


You Tube
18 de julio del 2011
En la actualidad son contadas las personas que no conocen o han escuchado hablar sobre YouTube. Esta página creada en el 2005 adquirió tal popularidad que un año después fue comprada por Google por más de 1600 millones de dólares y nombrada por la revista Times como el Invento del año.
Sin embargo creo que el uso de esta web ya se ha desproporcionado y empañado por miles de grabaciones que suben los usuarios que no son ni divertidas, ni proactivas, ni enriquecedoras, sino todo lo contrario: Escenas de violencia escolar, mejor conocida como bulling, burlas a discapacitados, obscenidades, etc.
Hay unos videos que suben los padres que, con tal de ganar audiencia, son capaces de permitir que su bebé sufra una caída porque parece divertido, no dejan de grabar ni siquiera para acudir en su ayuda. Hubo un caso de un chico que causó un accidente muy grave al provocar que un autobús se volcara porque se le puso enfrente mientras otro filmaba la escena. La lista de videos desagradables es tan grande que nunca acabaría.
No niego que también puede tener cosas buenas, gracias a las nuevas tecnologías y los llamados Smartphone, abusos de autoridad, injusticias e infidelidades, han salido a la luz. Hay videos históricos y musicales que nos hacen recordar y volver a vivir momentos inolvidables. Recetas de cocina que en vivo son más fáciles de elaborar. Traillers de cine, sorpresas, y uno que otro anuncio publicitario que te destornilla de risa.
Pero adiós intimidad, en el momento que menos te lo esperes, puedes ser el protagonista y hacerte famoso sin esperarlo, ni quererlo. Y, lo peor, es que lo que se sube a la red en la ella queda por años y años... y lo que ahora nos parece gracioso, a la vuelta del tiempo puede perjudicar nuestra imagen y será muy difícil poderla "limpiar".


Abuso de los teléfonos celulares
Esta semana, la lectura del libro El conejo blanco de Nino Treusch me ha hecho reflexionar sobre el uso y "abuso" de los teléfonos móviles o celulares.
Os pongo en antecedentes: Por pura casualidad Jan, un experto en marketing que ha comenzado a trabajar como ayudante de un directivo de una empresa de telefonía movil, descubre un estudio sobre la altísima incidencia del uso de los móviles en enfermedades mortales. Pero, siendo este un sector con grandes beneficios no intesesa que ese estudio sea hecho público... He ahí la trama.
Y cuando te pones a pensar que el autor trabaja en una empresa de telefonía (igualito que el protagonista), y cuando llegas al final y ves como termina la novela (que, por supuesto no os lo voy a decir)... casi que te hace pensar ¿no será todo esto algo real? ¿No nos estarán ocultando "algo"?... y ahí es cuando te pones a darle vueltas y ya desvarías y no sabes discernir entre lo que es ficción y lo qué es realidad.
Aunque sé que los estudios hechos hasta ahora no han concluido nada, también sé que el uso de los móviles es relativamente frecuente, que aún no se ha podido estudiar bien el efecto sobre la salud humana que podría tener su uso prolongado en el tiempo... por lo tanto ¿quién nos garantiza que en un futuro no sea restringido su uso, e incluso se ponga en las carcasas de los móviles algo similar a lo que en la actualidad se pone en las cajetillas de tabaco: «Las autoridades sanitarias advierten que hablar por el móvil puede matar»?
Tal como dice el autor: «si usas el móvil una hora diaria, multiplicada por diez años, significa que estuviste un año entero en el teléfono, y eso, desde luego, tiene un efecto»... y yo afirmo ¿no estaremos abusando del móvil? ¿todas las llamadas que hacemos son inevitables, o muchas veces llamamos por un hábito que ya hemos adquirido? Y, para mi lo más preocupante, es necesario darle un movil a un niño de 6, 8 o 10 años? Algunos padres dicen que así están más tranquilos y saben donde están sus hijos... pero yo creo que a esas edades los niños deberían estar o con sus padres o con otro adulto. Muchas nos hemos criado sin ese aparatejo, y si nuestras madres querían saber donde estábamos, simplemente se asomaba a la ventana, te daba cuatro voces y ya te tenía localizada, sin GPS, ni móvil ni aparato similar.
Es muy preocupante como nos hemos vuelto esclavos de ellos. Teniendo en cuenta que el primer móvil salió al mercado en 1983 y que ahora, menos de 30 años, el número de móviles en España es mayor que el número de habitantes (que eso sí que es raro, porque digo yo que si alguno hablará con un móvil por cada oreja)... la progresión es sorprendente. Y vamos a más. Cambiamos de móvil más que de zapatos, las compañías nos bombardean con nuevos modelos, con múltiples aplicaciones y con tarifas más baratas que a la larga solo nos hacen hablar más (y gastar poco más o menos)...
Creo que, sea verdad o no lo que se plantea en El conejo blanco, debemos pararnos y reflexionar si no estaremos abusando, si algunas de nuestras llamadas no son evitables (como cuando llamamos para decir «llegaré en dos minutos», para qué llamas si casi cuando cuelgas ya estás allí)... pensemos que como el buen vino, hay que saberlo usar, dosificar: si te tomas una copita con la comida es saludable, pero si te coges una cogorza entonces es perjudicial.

Este es el primer teléfono móvil: fue un modelo de Motorola llamado DynaTAC 8000X, denominado así por ser la abreviatura de Dynamic Adaptive Total Area Coverage. Recibió el visto bueno de la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense a principios de 1983 y se puso a la venta el 6 de marzo de ese mismo año a un precio de, atención, 3995 dólares. Pesaba 0.79 Kg, sus dimensiones eran de 33 x 4,45 x 8,9 cm, permitía hablar ininterrumpidamente durante 30 minutos y su batería podía permanecer 8 horas en funcionamiento siempre y cuando estuviera en standby. Una vez llegados a ese punto, eran necesarias 10 horas para recargarla. En su desarrollo, Motorola invirtió 15 años y 100 millones de dólares. (Fuente Wikipendia)

Recuerdos Navideños
Cuando se llega a la edad que una tiene (ya casi casi medio siglo), ha
pasado una todo tipo de "Navidades", y se ha celebrado la entrada del Año
Nuevo de diferentes formas:
Las de mi infancia, pasando frío en el pueblo, en casa de mis abuelos con
mis tíos y primos, todos bien acurrucaditos junto a la chimenea, mi abuela
asando castañas, mi abuelo contando historias de cuando era jóven, los
dulces que hacía mi abuela (hum... parece que hasta puedo oler aquellas
delicias de antaño), y escuchar las campanadas de año nuevo pegando la oreja
a la radio...
Luego vino mi juventud, ahora ya éramos mayores y después de cenar
cogíamos el coche (ays, cómo me acuerdo de mi primer coche un R-6 de color
amarillo) y nos acércábamos a la discoteca de La Alberca (un pueblo más
grande al lado del mío, porque aún seguía pasando las Navidades en el
pueblo), y allí todos bailando (y bebiendo, poco porque yo he sido de poco
beber) oíamos las campanadas a través del disc-jockey.
Después vinieron las Navidades con mis hijos pequeños, entonces ya nos
quedábamos en Salamanca, y adornábamos la casa con árboles y belenes, e
íbamos de paseo a "ver escaparates" que en esta época del año lucen como
nunca o a la Plaza Mayor, entonces escuchábamos las campanadas en la tele en
casa de los abuelos(no veais cómo me acuerdo de los especiales de Martes y
Trece), y luego los juegos, canciones y bailes con mis hijos y sobrina hasta
que caían rendidos, y teníamos que llevarlos en el coche dormidos a casa.
Ahora los niños crecieron, mucha gente con la que celebraba la Navidad ha
desaparecido, otras han llegado, y ya solo quiero tranquilidad: un buen
fuego, un buen café y una buena película que ya está una tan cansada después
de cenar que no tiene fuerzas ni para leer... Supongo que con el tiempo
tendré otras Nocheviejas y seré yo la abuela y de nuevo se oirán las risas
de los niños en la casa (que yo siempre he dicho que son los que tienen la
Magia de la Navidad y no los anuncios de la tele).
Pero hay algo que siempre ha permanecido a lo largo de los años: Cuando
uno nuevo comienza, siempre, siempre nos proponemos "algo" (muy tópico lo de
adelgazar), unas buenas intenciones que pensamos cumplir; aunque la
mayoría las abandonaremos en muy poquito tiempo. Aquí en DT, desde hace unos
cuantos años un grupo de "locas" nos propusimos estar un año más con
vosotras, y hasta ahora (añito a añito) lo hemos cumplido (y esperamos
seguirlo cumpliendo).
